El empresario e influencer Pablo Marçal fue declarado inelegible por tercera vez por la Justicia Electoral brasileña, que lo sancionó con ocho años de inhabilitación. La nueva condena, dictada por la Primera Zona Electoral de São Paulo, responde a dos acciones presentadas en conjunto por el Partido Socialista Brasileño (PSB), Guilherme Boulos (PSOL) y diversas federaciones partidarias que denunciaron irregularidades durante su campaña a la alcaldía de São Paulo. Según las acusaciones, Marçal promovió sorteos de dinero y productos —como gorras y premios de 200 reales brasileños— con el objetivo de incentivar la difusión de sus contenidos en redes sociales, además de utilizar a otros influencers para expandir su alcance digital.
El juez Antonio Maria Partino Zorz consideró que estos actos constituyen abuso de poder económico, uso indebido de medios de comunicación y manejo ilícito de recursos, todo prohibido en un contexto electoral. Las denuncias también señalan que Marçal difundió materiales que ponían en duda la legitimidad del sistema electoral y atacaban a otros candidatos. Tras la condena, el ex candidato declaró su inocencia y aseguró que apelará el fallo, reafirmando su compromiso con la legalidad y la transparencia. No obstante, si las tres sentencias en su contra son confirmadas por tribunales superiores, quedará legalmente impedido de postularse a cualquier cargo público hasta 2032.
Además de esta reciente condena, Marçal ya había sido declarado inelegible en febrero y abril de 2025 por otros delitos electorales. En el primer caso, fue sancionado por ofrecer apoyo político a candidatos a concejales a cambio de donaciones de cinco mil reales para su campaña. En el segundo, por pagar a terceros para producir y viralizar fragmentos de sus videos en internet, lo cual derivó no solo en otra condena de inhabilitación, sino también en una multa económica de 420 mil reales. Estos fallos consolidan un patrón de irregularidades que compromete seriamente su carrera política, marcada por el uso intensivo —y cuestionado— de las plataformas digitales como herramienta proselitista.

