La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro a inicios del año marcan un nuevo momento en las relaciones de Estados Unidos con América Latina, pero también dan muestra de la existencia de una nueva realidad planetaria. Explicar los hechos desde una visión reducida o abarcando una sola de las aristas de un escenario por lo demás complejo puede resultar insuficiente no solamente para entender la coyuntura sino para dilucidar el rumbo de los acontecimientos. Por ello, en Traza Continental armamos un rompecabezas de cinco piezas que permita a nuestros lectores tener una mirada más detallada e integral de lo acontecido en las últimas semanas. Al final de cada pieza recomendamos lecturas para profundizar sobre los temas.
PIEZA UNO. LA INTERVENCIÓN EN MIRADA GEOPOLÍTICA
Sería impensable analizar los hechos del tres de enero como un episodio aislado o como el resultado exclusivo de la voluntad —o el delirio— de un solo hombre, en este caso el presidente Donald Trump. La acción militar en Venezuela responde a una necesidad de los Estados Unidos como imperio y como nación de reordenar lo que ellos consideran su “patio trasero” en función de sus intereses y despejar toda influencia extrarregional en el continente, en un contexto donde el país norteamericano no está dispuesto a perder liderazgo, pero en el que entiende que ya no es el único actor preponderante y prefiere apostar por una especie de regionalización del mundo en la que ellos y nadie más sean quienes manden en “su hemisferio”.
Desde hace varios años, distintos documentos, pensadores, estrategas y hasta influencers estadounidenses cercanos al movimiento MAGA vienen planteando la alineación de la región latinoamericana, el repliegue en otras regiones del mundo y la contención de China como parte de las prioridades de la política exterior estadounidense y como elementos esenciales para la protección de su interés nacional. Kevin Roberts, coordinador del Proyecto 2025 y director de la Heritage Foundation, o Elbridge Colby, subsecretario de Defensa, por mencionar solo a un par de actores, lo habían dejado claro. Este planteamiento se vería reflejado también, por ejemplo, en la postura en torno a que Europa se haga cargo de manera más activa de su seguridad, misma que el vicepresidente JD Vance expresó durante sus primeros viajes al Viejo Continente. Esta postura explicaría también la intención de hacerse de Groenlandia, que es vista como un punto débil en la defensa continental.
La acción militar en Venezuela responde a una necesidad de los Estados Unidos como imperio y como nación de reordenar lo que ellos consideran su “patio trasero” en función de sus intereses.
Existen por tanto razones estratégicas de fondo en las decisiones de Trump y su entorno por las que parecen dispuestos a asumir el costo político internacional, incluso si ello implica “cruzar el Rubicón” y quemar las naves. Para ellos, el momento de reorganizar sus prioridades geopolíticas y asegurarse, a pocos kilómetros de casa, los suministros necesarios para seguir en la disputa global es ahora o nunca. La destrucción del denominado “mundo basado en reglas” y el debilitamiento deliberado del multilateralismo que sus acciones implican pueden leerse como la contracara de lo que Claudio Katz ha denominado el “caos constructivo”, es decir, una estrategia orientada a reconfigurar el orden internacional mediante la desestabilización controlada. Si insertamos las acciones y declaraciones en torno a Venezuela y Groenlandia —o hasta las referidas al Golfo de México como “Golfo de América”— en este registro, estas adquieren un sentido distinto que si las miramos desde la narrativa del combate al “narcoterrorismo”, una construcción de la Casa Blanca orientada a sostener a nivel interno y en su base electoral más radical el apoyo a dichas incursiones.
Más allá del gas y el petróleo, Venezuela posee importantes reservas de tierras raras y otros recursos estratégicos fundamentales para el desarrollo militar, tecnológico e industrial estadounidense. Se trata de insumos críticos para intentar sostener una superioridad hegemónica en un contexto de competencia global cada vez más intensa.
El telón de fondo de la decisión de Trump de intervenir militarmente en América Latina y otros puntos clave es, en efecto, la disputa geopolítica por el orden mundial con China y Rusia. El actor que durante décadas diseñó y sostuvo las normas internacionales no solo ha comenzado a renunciar explícitamente a ellas, sino que, en su lugar, prioriza el uso directo de la fuerza como única ley y como mecanismo de control para retrasar, o eventualmente revertir, su declive hegemónico. En este sentido, el ataque contra Venezuela constituye, por elevación, un ataque contra las posibilidades de que una configuración planetaria que ya no les favorece siga existiendo.
…el momento de reorganizar sus prioridades geopolíticas y asegurarse, a pocos kilómetros de casa, los suministros necesarios para seguir en la disputa global es ahora o nunca.
Lecturas sugeridas:
- “Elbridge Colby: la punta de lanza de MAGA en el Departamento de Defensa”, en Traza Continental.
- Kevin Roberts, “Una política exterior para la Edad de Oro de los Estados Unidos” en Traza Continental.
- Claudio Katz, “El Corolario Trump de la Doctrina Monroe” en Jacobin.
PIEZA DOS. LA HEGEMONÍA DEL DOLAR
Una parte sustantiva de los recursos energéticos y de las tierras raras —componentes esenciales que definen hoy el balance de poder en los planos industrial, tecnológico y militar— se encuentra en territorios de potencias emergentes, semi periféricas y periféricas, que vienen desarrollando mecanismos de cooperación en espacios como los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái.
En este marco, la captura o el control de la mayor reserva de petróleo del mundo es fundamental, sin embargo, en un contexto de competencia global con otras potencias, adquiere un valor estratégico adicional: evitar que se profundice el deterioro de la hegemonía del dólar.
La dolarización de la economía global —y, en particular, del comercio internacional de crudo— constituye uno de los pilares fundamentales del poder estadounidense. Para Washington, resulta tan vital asegurarse el acceso a la energía como impedir que las exportaciones venezolanas se comercien en otras monedas, algo que Caracas ya había comenzado a hacer. Bajo el régimen de sanciones y bloqueo financiero, Venezuela comenzó a vender parte de su petróleo a China en yuanes, buscando reducir su dependencia del sistema dolarizado y su exposición a las medidas estadounidenses.
El actual sistema de comercio mundial de petróleo —producto del acuerdo firmado en 1974 entre Estados Unidos y Arabia Saudí— supuso un esquema para que el petróleo se comerciara exclusivamente en dólares y para que sus excedentes se invirtieran en bonos del Tesoro estadounidense, lo que se le conoce como “petrodólar”.
Desde entonces, la mayoría de los contratos internacionales de petróleo se cotiza y liquida en dólares, obligando a los países importadores a demandar la divisa estadounidense para adquirir energía. Esta demanda estructural sostiene el valor del dólar y permite a Estados Unidos financiarse a bajo costo, mantener déficits fiscales y comerciales elevados y aumentar su deuda sin enfrentar las restricciones que afectan a cualquier otro Estado.
Para Washington, resulta tan vital asegurarse el acceso a la energía como impedir que las exportaciones venezolanas se comercien en otras monedas, algo que Caracas ya había comenzado a hacer.
Que un país latinoamericano pusiera en duda la hegemonía del dólar estadounidense y que además fuera el país con la mayor cantidad de reservas probadas de petróleo del mundo implicaba, para la actual administración, un riesgo de seguridad nacional que no estaba dispuesta a correr.
En definitiva, más allá de sus efectos inmediatos, la ofensiva contra Venezuela debe entenderse como parte de una estrategia mayor: preservar los fundamentos materiales y financieros de la hegemonía estadounidense en un escenario de transición histórica hacia un orden internacional cada vez más disputado.
Lecturas sugeridas:
- Yago Álvarez Barba, “No es solo el petróleo: la desdolarización y China, tras el golpe de Estado de Trump en Venezuela” en El Salto Diario.
PIEZA TRES. LOS DETALLES DE LA OPERACIÓN "ABSOLUTE RESOLVE"
Entendidos estos elementos, es importante brindar algunos detalles sobre la Operación Absolute Resolve (Resolución Absoluta), no únicamente por curiosidad periodística o académica, sino porque se trata de un ejercicio que da cuenta del nivel de sofisticación y avance tecnológico que los Estados Unidos han desarrollado desde su última intervención en el continente, realizada en Panamá a finales de 1989.
Durante la madrugada del tres de enero, el ejército estadounidense y sus fuerzas especiales de élite (Delta Force) ejecutaron un ataque sorpresa contra Venezuela, mismo que se extendió por 2 horas y 29 minutos, entre las 2:00 a.m. y las 4:29 a.m. La ofensiva fue planificada y entrenada durante meses utilizando un modelo que replicaba de manera exacta el terreno donde se llevaría a cabo la operación. El ataque, desarrollado con una enorme capacidad técnica, consistió en el bombardeo de siete puntos estratégicos del país, ubicados en tres estados —Miranda, Aragua y La Guaira— además del Distrito Capital, donde se ubica Caracas. De forma simultánea, se realizaron operaciones cibernéticas para inutilizar el suministro eléctrico en puntos clave —principalmente radares y comunicaciones— mientras las defensas antiaéreas del país eran atacadas.
Inicialmente, la operación estaba prevista para llevarse a cabo durante la Navidad. Sin embargo, su ejecución debió posponerse ante la necesidad de encontrar mejores condiciones meteorológicas que facilitaran los desplazamientos de las aeronaves. Finalmente, la operación se concretó el tres de enero, una fecha con una referencia ineludible a la rendición y traslado de Manuel Antonio Noriega después de la invasión a Panamá, denominada por Estados Unidos como Operación Causa Justa, que en aquellos años duró cerca de 14 días.
…la operación se concretó el tres de enero, una fecha con una referencia ineludible a la rendición y traslado de Manuel Antonio Noriega después de la invasión a Panamá (…) que en aquellos años duró cerca de 14 días.
Tras la operación, el propio presidente Donald Trump afirmó a través de redes sociales que su objetivo había sido el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, con la intención de trasladarlos a Nueva York para ser procesados por la justicia federal estadounidense. Esta afirmación marcó una de las principales líneas argumentativas que el trumpismo sostendría de manera constante en los días siguientes: la caracterización del ataque y del secuestro como una operación de naturaleza policial, gesto que logró movilizar los afectos de las bases políticas de las fuerzas conservadoras en buena parte del mundo y dotar de legitimidad al hecho en ese sector del espectro ideológico.
Pocas horas después, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, ofreció una rueda de prensa en la que detalló que la misión se inició tras la autorización presidencial otorgada a las 22:30 horas. Según explicó, la primera fase consistió en la neutralización del sistema de radares mediante aeronaves EA-18G Growler, especializadas en guerra electrónica y diseñadas para interferir y destruir radares enemigos, así como en la supresión de los sistemas antiaéreos. Para ello se desplegaron aproximadamente 150 aeronaves de distinta operatividad, que partieron desde unas veinte bases ubicadas en diversas zonas del Caribe. Una vez neutralizadas las defensas, el equipo Delta fue trasladado en helicópteros de asalto MH-60L, con apoyo de otros tipo CH-47 Chinook, AH-6M Little Bird y AH-64 Apache.
El plan original contemplaba únicamente el secuestro del presidente. Sin embargo, durante el desarrollo del operativo, su esposa resultó herida y exigió ser trasladada junto a él. Una vez capturados, ambos fueron trasladados al portaaviones USS Iwo Jima y, desde allí, enviados a una prisión federal en Brooklyn, Estados Unidos, luego de una breve escala en la estratégica Base Naval de Guantánamo, que Washington mantiene de manera ilegal en territorio cubano.
…la caracterización del ataque y del secuestro como una operación de naturaleza policial, gesto que logró movilizar los afectos de las bases políticas de las fuerzas conservadoras en buena parte del mundo y dotar de legitimidad al hecho en ese sector del espectro ideológico.
Tras aterrizar en el aeropuerto Stewart (norte del estado de Nueva York), el mandatario y su esposa fueron llevados en helicóptero a Manhattan y luego al Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, una cárcel federal que funciona como centro de detención preventiva de acusados por tribunales federales neoyorquinos. El traslado al estado de Nueva York se debió a que las acusaciones en su contra son tramitadas ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York con sede en Manhattan, donde se han presentado causas penales por delitos federales vinculados al narcotráfico, el narcoterrorismo y delitos relacionados con armas.
El ataque sorpresa no tuvo bajas por parte del invasor; sin embargo, provocó al menos 100 muertes y numerosos heridos en el bando atacado, según la última información brindada por el ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, quien informó que entre las víctimas se contaban miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, civiles y otros agentes de seguridad. El domingo 4 de enero, el gobierno de Cuba informó que entre los caídos se encontraban 32 combatientes cubanos, quienes cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior del gobierno caribeño.
Lecturas sugeridas:
- Robert-Henri Berger, “El secuestro de Maduro: análisis operacional y consecuencias estratégicas” en Le Grand Continent.
- Julian E. Barnes, Eric Schmitt y Tyler Pager, “Así se desarrolló la ‘Operación Resolución Absoluta’ de EE. UU. para capturar a Maduro” en The New York Times.
- Gareth Evans, “Spies, drones and blowtorches: How the US captured Maduro” en BBC.
- Mike Stone, Joey Roulette y David Jeans, “El arsenal aéreo que EEUU usó para extraer a Maduro revela su dominio tecnológico y envía un mensaje a China” en Infobae.
PIEZA CUATRO. ACELERACIONISMO MAGA Y EQUILIBRIOS INTERNOS
Desde su mansión en Mar-a-Lago, Florida, el presidente Donald Trump presentó públicamente la acción militar contra Venezuela como una medida de “justicia” frente al “narcoterrorismo” del régimen venezolano. Sin embargo, más allá de las justificaciones retóricas, lo más significativo de la conferencia fue su afirmación de que Estados Unidos se disponía a “dirigir temporalmente” Venezuela hasta lograr una “transición segura del poder”. Trump precisó que este proceso incorporaría explícitamente el control de la industria petrolera, con la intención de que grandes compañías energéticas estadounidenses reconstruyan la infraestructura y exploten los recursos del país. Durante la conferencia, la palabra “democracia” no fue mencionada en ninguna ocasión, mientras que el término “petróleo” apareció hasta 27 veces.
Durante la conferencia, la palabra “democracia” no fue mencionada en ninguna ocasión, mientras que el término “petróleo” apareció hasta 27 veces.
Las reglas del derecho internacional, como mencionamos al inicio, aparecen así como un estorbo para los objetivos estratégicos de Estados Unidos. Incluso para un sector de los ideólogos del MAGA —una especie de ala aceleracionista de extrema derecha—, el propio sistema político estadounidense es visto como un obstáculo para ejecutar transformaciones estratégicas que preserven el estatus de Estados Unidos como potencia frente a China: hay que eliminar la democracia y gobernar Estados Unidos como una empresa, sostienen. Aunque esta visión no es compartida por la totalidad del movimiento, ofrece una clave para entender la radicalidad de algunos sectores.
El podcaster Matt Walsh resumió este enfoque en redes sociales, afirmando que “el ‘derecho internacional’ es falso y gay”, y desde un realismo político sostuvo que “el único derecho internacional es que los países grandes y poderosos pueden hacer lo que quieran”, reclamando además: “Somos el país más poderoso del planeta. Ya es hora de que empecemos a actuar como tal”. Curtis Yarvin, por su parte, no se quedó atrás y propuso establecer un orden de tipo “recolonial” para garantizar la gobernabilidad de Venezuela.
Sin embargo, no todos los sectores políticos respaldaron la operación o no lo hicieron con el mismo entusiasmo. Desde que se presentó como una posibilidad real, la acción no contó con el consenso de sectores clave del movimiento MAGA. Figuras centrales del trumpismo, con enorme influencia sobre la base social del movimiento como Tucker Carlson, Steve Bannon o Marjorie Taylor Greene, se habían manifestado públicamente en contra de una acción militar contra Venezuela. La propia Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, había reiterado semanas atrás su postura antiintervencionista en general y no se pronunció públicamente sobre el tema ni acompañó al presidente en la sala de situación. Sin embargo, fue un reporte de la CIA, que dirige John Ratcliffe y que está bajo su mando, el que recomendó no apostar por un cambio de régimen sino por la estabilidad del país sudamericano.
…no todos los sectores políticos respaldaron la operación o no lo hicieron con el mismo entusiasmo. Desde que se presentó como una posibilidad real, la acción no contó con el consenso de sectores clave del movimiento MAGA.
Por otra parte, todas las encuestas publicadas sobre el asunto indican que la intervención resulta ampliamente impopular entre los estadounidenses en general, aunque mantiene un apoyo mayoritario entre los republicanos. Según una encuesta de Reuters/Ipsos sólo el 33% de los estadounidenses aprobaba la acción militar en Venezuela; sin embargo, ese número se eleva entre republicanos hasta el 65% según el mismo estudio y al 83% de acuerdo a una encuesta realizada por el Marist Institute for Public Opinion. Además, una encuesta del Washington Post señala que el 63% de los estadounidenses considera que una medida de este tipo debería haber sido aprobada previamente por el Congreso, donde muy probablemente hubiese sido detenida, con la oposición incluso de algunos legisladores republicanos.
La intervención se inserta en una coyuntura interna en Estados Unidos que no podemos soslayar: el inicio de un año electoral para los comicios de medio término, en los que el Partido Republicano puede perder la mayoría en el Legislativo y en los que se juegan además 36 gobernaturas. Esto explica por qué el presidente Trump y su equipo se han esforzado en explicar la acción no como una guerra o acción militar de cambio de régimen —conflictos que buena parte de su electorado rechazan— sino como una operación táctica para combatir el “narcoterrorismo”, asegurarse de recursos estratégicos que beneficien a los Estados Unidos y alinear a un país de su zona de influencia hacia sus intereses. Los altos índices de aprobación de la acción entre sus partidarios dan cuenta de este manejo interno.
Ante los cuestionamientos sobre por qué no apoyar a María Corina Machado para hacerse del poder y seguir sosteniendo a la presidenta encargada Delcy Rodríguez, el propio Trump ha explicado el asunto con una referencia muy clara para buena parte de sus simpatizantes: el fracaso de la guerra de Irak, de la que muchos de los militantes MAGA son veteranos y críticos, incluido el vicepresidente Vance o la ya citada Gabbard: “Recuerden que existe un lugar llamado Irak, donde todo el mundo fue despedido —cada persona, los policías, los generales— y terminaron volviéndose ISIS”.
La intervención se inserta en una coyuntura interna en Estados Unidos que no podemos soslayar: el inicio de un año electoral para los comicios de medio término, en los que el Partido Republicano puede perder la mayoría en el Legislativo y en los que se juegan además 36 gobernaturas.
Además de esta coyuntura electoral en la que la comunicación gubernamental tiene que desdoblarse en varios frentes, existe otra realidad subterránea: las tensiones entre las distintas facciones del gobierno y la competencia entre distintos perfiles por ganarse el favor de Trump y el apoyo de sus electores y de los grupos de poder rumbo a la sucesión presidencial.
Desde esta perspectiva no cabe duda de que Pete Hegseth y Marco Rubio son dos de los grandes ganadores tras la operación en Venezuela. El secretario de Guerra demostró una vez más su obediencia al presidente y sus capacidades comunicativas que lo convierten en uno de los funcionarios más polémicos y radicales, y el secretario de Estado logró imponer su línea dura frente a la búsqueda de diálogo y acuerdos que representaba Richard Grenell, enviado especial de Trump en Venezuela que fue retirado de las mesas de negociación en octubre. Desde entonces Rubio ha ido ampliando su control sobre las políticas de Washington para América Latina y el Caribe, transformándose en el arquitecto y principal impulsor de la estrategia contra Venezuela y de la narrativa anti Cuba.
La intervención militar y el secuestro de Maduro armonizan con los enfoques que Rubio viene aplicando para el continente, donde implementó una estrategia de fuerte militarización en países como Panamá, Puerto Rico y Trinidad y Tobago, mientras ha avanzado en “acuerdos” militares con Paraguay, Costa Rica, Perú, El Salvador, República Dominicana, Argentina y Ecuador.
Aunque aún falta mucho camino por recorrer, Rubio empieza a sonar como uno de los hombres fuertes dentro del Partido Republicano para suceder a Trump, quien lo ha mencionado como presidenciable. Una ambición de la cual, hasta ahora, ha intentado mostrarse distante. La única vez que se refirió al tema, consultado por Vanity Fair, aseguró que estaría dispuesto a apoyar al vicepresidente J. D. Vance, una suerte de heredero “natural” para ocupar la Casa Blanca y que es impulsado por el llamado sector tecnológico —también muy poderoso dentro de la administración— y por los hijos del presidente. “Si JD Vance se postula a la presidencia, será nuestro candidato y yo seré una de las primeras personas en apoyarlo”, aseguró Rubio en aquella ocasión.
Rubio empieza a sonar como uno de los hombres fuertes dentro del Partido Republicano para suceder a Trump, quien lo ha mencionado como presidenciable.
Sin embargo, de la misma manera que el éxito de la operación militar le ha otorgado un importante capital político, la resolución de la “cuestión venezolana” en los próximos meses será determinante para su futuro. De entrada, con el envío del director de la CIA John Ratcliffe —hombre de confianza de Trump— como primer interlocutor a Caracas, parece que el presidente ha optado por mantener los equilibrios internos y un control más cercano del proceso que delegarlo al exsenador.
Rubio se encuentra inequívocamente atado a la arriesgada ofensiva de Washington contra Caracas. Si bien, en términos militares, esta operación ha sido un “éxito”, aún queda un largo y arenoso terreno por recorrer para traducir esa victoria en términos políticos de mediano plazo. El plano jurídico —tras un secuestro a todas luces ilegal y con un enorme déficit de pruebas que vinculen directamente a Maduro con el narcotráfico—, así como la posibilidad de un nuevo ciclo de protestas, tanto dentro como fuera del país, contra la intervención de Estados Unidos, podrían configurar un cóctel explosivo si Washington no logra estabilizar las relaciones con la región.
Lecturas sugeridas:
- Eric Schmitt y Greg Jaffe, «Un Trump envalentonado y una situación límite para los comandos de EE. UU.» en The New York Times.
- Samuel Benson y Nahal Toosi, “GOP talk of Rubio 2028 heats up in wake of Venezuela op” en Político.
- Edward Wong, “Las acciones militares contra Venezuela inquietan a los partidarios de Trump” en The New York Times.
- Ian Ward, “MAGA’s Messy Defense of Trump’s Venezuela Attack” en Político.
PIEZA CINCO. CORRELACIÓN DE FUERZAS AL INTERIOR DE VENEZUELA
El 15 de enero, María Corina Machado visitó la Casa Blanca y le entregó a Donald Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz que le fue recientemente otorgado, pero el presidente estadounidense se mantuvo en su posición, desestimándola para dirigir Venezuela. “Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No tiene apoyo interno ni respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto que se necesita”, afirmó en las primeras declaraciones que dio al respecto después del ataque. Un día antes del “traspaso” del Nobel, por contraste, en la comunicación que sostuvo con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, Trump la calificó como una “persona estupenda” y describió el intercambio telefónico como muy bueno y productivo.
…en la comunicación que sostuvo con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, Trump la calificó como una “persona estupenda” y describió el intercambio telefónico como muy bueno y productivo.
Si bien algunos analistas sugirieron que la desestimación de Machado podría deberse a una disputa personal, dado que la opositora venezolana habría recibido un galardón codiciado por Trump, lo cierto es que ningún sistema de poder, y menos el estadounidense, puede explicarse por simples caprichos emocionales de un dirigente, por más poderoso o vehemente que este sea.
Según trascendió a través de la agencia Reuters, una evaluación clasificada de la CIA presentada al presidente concluyó que las principales figuras leales a Maduro, incluida la vicepresidenta Delcy Rodríguez, estaban en la mejor posición para mantener la estabilidad del país si el líder venezolano perdía el poder. Esta evaluación —y los fantasmas del fracaso estadounidense en Irak— fue uno de los factores que motivó a Trump a respaldar una transición ordenada de poder hacia Rodríguez en vez de apostar a una estrategia de cambio de régimen.
Sin embargo, esta decisión no puede leerse únicamente desde la voluntad estadounidense ni comprenderse en su totalidad sin tomar en cuenta algunos puntos nodales de la realidad venezolana.
En primer lugar, es importante reconocer que a pesar de la ausencia de Nicolás Maduro, el régimen chavista sigue en pie, el país sigue funcionando y Delcy Rodríguez se fortalece conforme pasan los días. A pesar del duro golpe recibido, la estructura nacional del gobierno de Venezuela se mantuvo intacta. El chavismo y las instituciones conservan la dirección política y el control del país.
En la noche del sábado tres de enero, el Tribunal Supremo de Justicia resolvió que la vicepresidenta Delcy Rodríguez “asuma y ejerza en condición de encargada todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidenta de la República”. Desde hace varios años, la línea sucesoria del oficialismo venezolano apuntaba a Rodríguez, quien había venido acumulando poder en distintas áreas y desplazando a otras figuras más cercanas al presidente Maduro. Hoy no sólo se ha mantenido intacta esa línea, sino que Rodriguez ha venido ganando terreno y legitimidad, tanto en las negociaciones con los Estados Unidos como en distintos sectores al interior del país.
…a pesar de la ausencia de Nicolás Maduro, el régimen chavista sigue en pie, el país sigue funcionando y Delcy Rodríguez se fortalece conforme pasan los días.
En segundo lugar, el chavismo conserva una fuerte capacidad de movilización y no permitiría fácilmente que se proclame a otro presidente fuera de la línea sucesoria establecida por la Constitución. Tras el ataque, el gobierno y movimientos sociales convocaron movilizaciones para iniciar una campaña por la liberación del titular del Ejecutivo y la capacidad organizativa del chavismo sigue siendo una de las más fuertes en la región. Además, se abre una disputa política en torno a una eventual convocatoria a elecciones. Si bien hasta hoy esta posibilidad parecería lejana debido a la correlación de fuerzas internas que favorecen claramente al grupo en el poder, el escenario podría modificarse en caso de una presión sostenida de la comunidad internacional. En este escenario, la figura de “presidenta encargada” asumida por Rodríguez es crucial, ya que tanto el gobierno venezolano como el propio mandatario detenido en Nueva York siguen afirmando que el presidente constitucional sigue siendo Nicolás Maduro, lo que permite mantener la tensión y el conflicto con el enemigo entre las bases.
En tercer lugar, María Corina Machado, al igual que cualquier otra figura opositora, no cuenta, por ahora, con apoyo suficiente en la población, el Ejército o los servicios de inteligencia como para sostener una gobernabilidad capaz de garantizar el cumplimiento de las prioridades estratégicas estadounidenses. De todos modos, como hemos visto, el ataque del tres de enero no buscó derrocar al gobierno venezolano de manera inmediata. El objetivo estratégico de Estados Unidos en estos momentos no es el cambio en la política interna sino garantizarse el suministro de energía y asegurar militarmente su zona de influencia, lo que no implica que muchos sectores en los Estados Unidos y en la oposición renuncien a su objetivo de “liberar Venezuela”.
Materiales sugeridos:
- “¿Sigue en pie el régimen chavista en Venezuela? Cinco puntos sobre la situación en Caracas” en Le Grand Continent
- “¿Cómo se encuentra Venezuela luego del secuestro de Maduro y bombardeo de EEUU?” en La Iguana Tv.


