Russell Vought: Creyente del poder presidencial
“Necesitamos confiar en que el deber es nuestro y los resultados son de Dios”.
Russel Vought
“Queremos que los burócratas sufran un trauma”.
Russel Vought
Russell Vought, director de la Oficina de Administración y Presupuesto del gobierno de los Estados Unidos, forma parte del circulo íntimo de Donald Trump y es uno de los principales arquitectos de su agenda político-administrativa. Considerado como una de las personas más influyentes del mundo en 2025 por la revista Time, Vought es un ferviente creyente del poder de Dios y del poder presidencial. Nacionalista cristiano, burócrata de altos vuelos, su propósito en esta administración es devolverle a la Casa Blanca su centralidad en las decisiones sobre el destino de los recursos financieros, más allá incluso de las facultades de los otros poderes. En nuestra novena entrega de la serie Universo Trump 2.0 que realizamos en colaboración con Supernova, analizamos el perfil de este ideólogo y funcionario republicano.
UN NACIONALISTA CRISTIANO
Donald Trump ha demostrado cierta predilección por rodearse de personas tan polémicas y extravagantes como él, al menos hasta que su impaciencia le gana y las descarta fuera de su órbita: Robert F. Kennedy Jr., Howard Lutnick y los caídos en desgracia Elon Musk y Steve Bannon –que va y viene del entorno– son solo algunos ejemplos. Todos con un aura outsider muy característica de MAGA.
Russell Vought no pertenece a esa lista. El director de la Oficina de Administración y Presupuesto (OMB por sus siglas en inglés) es un burócrata de carrera, especializado en cuestiones presupuestarias, de barba prolija, anteojos de carey, voz suave y charla erudita, cuyo amable trato personal es reconocido aún por sus adversarios. A pesar de no ser un anti-sistema, Vought probablemente sea el funcionario más radicalizado ideológicamente y políticamente más determinado del gobierno de Trump. Un nacionalista cristiano dispuesto a traumar a los empleados públicos para reducir el presupuesto y a forzar los límites constitucionales de la presidencia para regenerar a Estados Unidos como una nación cristiana.
A pesar de no ser un anti-sistema, Vought probablemente sea el funcionario más radicalizado ideológicamente y políticamente más determinado del gobierno de Trump.
Séptimo hijo menor de un electricista y una maestra de escuela, Vought se crió en una pequeña ciudad de Connecticut, se graduó en el Wheaton College, una escuela evangélica en Illinois, obtuvo su doctorado en derecho en la George Washington University y pasó más de una década en la capital trabajando para los republicanos en temas presupuestarios. Sin embargo, en Capitol Hill consideran que su obsesión fiscal (es capaz de pasar su tiempo libre revisando presupuestos) es solo un capítulo de su ideología política. Vought se define como una “nacionalista cristiano”, una tendencia que crece con fuerza dentro del Partido Republicano y en el movimiento MAGA, que sostiene que los Estados Unidos fueron fundados como una nación cristiana, de manera que los valores bíblicos deben ser prioritarios tanto en la vida privada como en la vida pública, y que deben orientar las decisiones políticas y las acciones de gobierno, buscando siempre el beneficio de la nación norteamericana.
En un artículo de opinión de 2021 Vought definió a su ideología como “un compromiso con una separación institucional entre la Iglesia y el Estado, pero no la separación del cristianismo del gobierno y la sociedad”. En otra ocasión afirmó que “Estados Unidos debería ser reconocido como una nación cristiana donde nuestros derechos y deberes provienen de Dios”. Al igual que muchos conservadores, Vought también señala a la Declaración de Independencia como hito fundacional, pero el horizonte histórico de su proyecto político se alimenta de un acontecimiento más cercano en términos temporales: 1982, cuando la Corte Suprema dictaminó que Estados Unidos es una nación cristiana.
El nacionalismo cristiano de Vought no sólo lo orienta en cuestiones como el aborto (exigió su abolición total) o el Islam (consideró a los musulmanes condenados por rechazar a Cristo) o la diversidad (en 2020 escribió un memorándum oficial diciendo que la educación contra el racismo era divisiva y antiestadounidense), sino que lo imbuye de una convicción y determinación de trabajo (“el deber es nuestro, los resultados son de Dios”), según la cual en algunos casos, si no es que todos, el cumplimiento del fin celestial justifica los medios terrenales.
El nacionalismo cristiano de Vought (…) lo imbuye de una convicción y determinación de trabajo (“el deber es nuestro, los resultados son de Dios”), según la cual en algunos casos, si no es que todos, el cumplimiento del fin celestial justifica los medios terrenales.
LA COMUNIÓN CON TRUMP
Fue justamente esa convicción y determinación lo que lo terminó acercando a Trump. La comunión entre ambos no era obvia: Trump es un cristiano de credenciales muy flojas y Vought, básicamente un conservador fiscal cercano que no tenía grandes aspiraciones personales. Pero en 2017 no había demasiados funcionarios con experiencia técnica afines a MAGA, de manera que Vought fue nombrado subdirector de la OMB. En los últimos meses del gobierno trumpista llegó a ser director. Desde ese cargo trabajó con Trump en el diseño de la orden ejecutiva 13957, que recategorizaba a miles de empleados federales para facilitar su despido y reemplazo. La orden fue revocada por el presidente Joe Biden. Vought también fue el arquitecto del Anexo F, que eliminaba todas las protecciones profesionales de los funcionarios públicos. Además de estos proyectos para facilitar el despido de todos los empleados federales de Estados Unidos, Vought tenía la pretensión de convertir a la OMB en la agencia más poderosa de Washington y que, además de asesorar al presidente en el diseño presupuestario, coordinara las actividades regulatorias de otras agencias.
Luego de atravesar juntos el aciago último semestre de su primera presidencia, Vought vio a Trump como un vehículo para impulsar sus ideas, un aliado incluso si no está de acuerdo con él en muchos temas; y Trump vio a Vought como un técnico y a la vez un creyente listo para luchar por su proyecto político. Cuando Vought compareció ante el Capitolio, advirtió que Estados Unidos enfrentaba una suerte de “guerra civil fría” que sería ganada por quienes usen los “principios bíblicos” para guiar al gobierno en la dirección que persigue MAGA.
En 2021, estando fuera del gobierno, Vought fundó el Center for Renewing America (Centro para la Renovación de América), una organización cuya misión es “renovar un consenso de América como nación bajo Dios”, pero cuya agenda es mucho más terrenal y concreta: recuperar el Anexo F, pensar en formas de reducir el personal federal y darle al presidente mucho más poder sobre el gasto para “romper o torcer” a la burocracia bajo la voluntad presidencial. Como siempre en él, el énfasis fiscalista convive con el espíritu puritano que vive una constante lucha del bien contra el mal: “La amenaza de las filosofías radicales, arraigadas en el marxismo, como la teoría crítica de la raza, es enorme, real y cada vez más existencial”, se lee en el sitio web del Centro. Desde ese lugar técnico y espiritual a la vez, Vought aconsejó a los republicanos del Congreso que lucharan a toda costa para recortar los programas y el gasto federal.
Como siempre en él, el énfasis fiscalista convive con el espíritu puritano que vive una constante lucha del bien contra el mal.
EL PROYECTO 2025
La Heritage Foundation es un think tank conservador fundado en 1973 en Washington que asesoró a casi todos los presidentes republicanos desde Ronald Reagan. En 2023 publicó el documento “Mandato para el liderazgo: La promesa conservadora”, conocido simplemente como “Proyecto 2025″, con Russ Vought como uno de sus principales autores.
El documento de 900 páginas consiste en recomendaciones de políticas para cada departamento del Poder Ejecutivo. Su objetivo es reafirmar el poder presidencial eliminando la independencia de las agencias federales y nombrando políticos leales en lugar de funcionarios de carrera, y desmantelar la administración pública cancelando proyectos que no coincidan con objetivos conservadores: derechos reproductivos y LGBTQ, protección del medio ambiente y del consumidor. Además propone imponer restricciones migratorias y aumentar las deportaciones de extranjeros ilegales.
El Proyecto 2025 generó discusiones incluso entre los conservadores pero se mantuvo bajo el radar de la política nacional hasta la campaña presidencial de 2024, cuando los demócratas y grupos defensores de la libertad civil establecieron el Stop Project 2025. Trump negó que el Proyecto 2025 tuviera algo que ver con su futura administración. “No lo leí. No quiero leerlo”, dijo el entonces candidato republicano en un debate. Pero incluso antes de asumir la presidencia, su equipo de transición utilizó el Proyecto 2025 para guiar el nombramiento de funcionarios, además de consultar una base de datos creada por la Heritage Foundation para llenar vacantes con políticos leales a Trump. Así nombraron a colaboradores del Proyecto 2025 en funciones clave, como el zar fronterizo Tom Homan, el director de la CIA John Ratcliffe, y el presidente designado del Comité Federal de Comunicaciones Brendan Carr, que incluso escribió un capítulo del Proyecto 2025. Además del propio Russ Vought, que en un artículo publicado en el sitio web de la Heritage Foundation describió el trabajo del director de presupuesto de la Casa Blanca como “la mejor y más completa aproximación a la mente del presidente”.
Su equipo de transición utilizó el Proyecto 2025 para guiar el nombramiento de funcionarios, además de consultar una base de datos creada por la Heritage Foundation para llenar vacantes con políticos leales a Trump.
La CNN analizó las 53 órdenes ejecutivas firmadas por Trump en su primera semana como presidente y concluyó que 36 de esas órdenes reflejaban propuestas del Proyecto 2025. Sin embargo las coincidencias no son exactas: los aranceles recíprocos de Trump sobre los bienes importados, por ejemplo, coinciden con el nacionalismo económico del Proyecto 2025 y su creencia de que el principio de nación más favorecida de la Organización Mundial del Comercio (OMC) es injusto, pero el presidente se mostró más agresivo de lo que aconsejaba el documento. Más allá de las medidas efectivas de Trump, se puede comparar la plataforma Agenda 47 –el manifiesto oficial de la campaña de 2024 que Trump aprobó personalmente–, con el documento de la Heritage Foundation para encontrar similitudes y diferencias.
En materia migratoria, no hay diferencia posible porque el Proyecto 2025 llama a restablecer “todas las normas relacionadas con la inmigración emitidas” durante el mandato 2017-2021. Igualmente, en materia climática, el negacionismo del Proyecto enmarcó la política de afirmación de la energía fósil de Trump.
En materia impositiva, el Proyecto 2025 propone exacciones fiscales para beneficiar a las corporaciones y los ciudadanos más ricos. Trump avanzó en la misma dirección pero con un estilo más populista, al eximir a las clases medias y trabajadores del impuesto sobre la renta, las propinas ganadas, los pagos de la Seguridad Social y las horas extra.
En materia impositiva, el Proyecto 2025 propone exacciones fiscales para beneficiar a las corporaciones y los ciudadanos más ricos. Trump avanzó en la misma dirección pero con un estilo más populista.
En cuestiones de educación y diversidad, Trump acompañó las propuestas de reducción y hasta anulación de los programas federales de políticas de Diversidad Equidad e Inclusión (DEI) con promesas y solicitudes al Congreso, pero sin la fuerza reclamada por el documento. La orden ejecutiva 14182, por ejemplo, cesó el financiamiento federal del aborto electivo, pero el Proyecto 2025 pedía iniciativas pro-vida más fuertes, amenazando a los estados con retener los recursos si no cumplían. Por otro lado, el Proyecto 2025 pedía cerrar el Departamento de Educación y “devolver el control de la educación a los estados” para terminar con el “adoctrinamiento progresista” de la infraestructura educativa federal. Trump no quiere que Washington esté fuera de las aulas y prefiere usar las asignaciones federales para eliminar los programas de diversidad en todos los niveles educativos y obligar a las escuelas a adoptar la remuneración por mérito para los docentes.
En política exterior se produce la mayor disonancia. Más allá de la común retórica antichina, el Proyecto 2025 afirma: “Independientemente de los puntos de vista, todas las partes coinciden en que la invasión de Ucrania por parte de Putin es injusta y que el pueblo ucraniano tiene derecho a defender su patria”, mientras que Trump combina el repliegue estratégico y la crítica a la OTAN con acercamientos a Vladimir Putin.
Con todo, el punto álgido del Proyecto 2025 es el reforzamiento del Poder Ejecutivo para despedir empleados federales y reducir el gasto gubernamental. En enero de 2025, Trump emitió la orden ejecutiva 14171, que recupera los procedimientos de la revocada orden 13957 de contratación y despido más rápidos de empleados estatales. Para esta tarea el presidente volvió a recurrir al experto Vought, ahora acompañado por una nueva, aunque pasajera adquisición: Elon Musk.
Para esta tarea el presidente volvió a recurrir al experto Vought, ahora acompañado por una nueva, aunque pasajera adquisición: Elon Musk.
LA MOTOSIERRA MUSK
“Queremos que los burócratas sufran un trauma” ―dijo Vought en un evento organizado por su Centro para la Renovación de América en octubre de 2024― “queremos que, cuando se despierten por la mañana, no quieran ir a trabajar porque cada vez se les considera más como los villanos. Queremos que se les retire el financiamiento”. Todavía no había vuelto a la administración del presupuesto federal y ya tenía una misión y una batalla: “La cruda realidad en Estados Unidos es que nos encontramos en las últimas etapas de una completa toma de control marxista del país. Nuestros adversarios ya tienen las armas del aparato gubernamental y nos las han apuntado. Y seguirán apuntándonos hasta que ya no tengan que ganar elecciones. Estamos aquí en el año 2024, un año que muy bien podría rivalizar con 1776 y 1860 por la complejidad y la incertidumbre de las fuerzas que se despliegan contra nosotros”, continuó, refiriéndose a dos momentos fundacionales norteamericanos: la Declaración de Independencia y el comienzo de la secesión tras la elección del presidente Abraham Lincoln. “Dios nos puso aquí para un momento como este”, añadió.
Con el retorno de Trump al poder, Vought fue nombrado nuevamente al frente de la OMB. Los senadores demócratas del Comité de Presupuesto intentaron boicotear su confirmación, blandiendo su vinculación con el Proyecto 2025, pero fracasaron. “Alabado sea Dios”, escribió Vought en X, “Agradecido con el presidente y el Senado de los Estados Unidos. Increíblemente agradecido con todos los que oraron por mí. ¡Ahora, vamos!”. El plan divino lo volvía a poner al frente del presupuesto federal para traumar a los empleados públicos y combatir al Deep State. Ahora debía mancomunar su esfuerzo con el multimillonario asesor del presidente de los Estados Unidos al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE por sus siglas en inglés): Elon Musk.
El plan divino lo volvía a poner al frente del presupuesto federal para traumar a los empleados públicos y combatir al Deep State. Ahora debía mancomunar su esfuerzo con el multimillonario asesor del presidente de los Estados Unidos.
El dúo tenía la pintoresca incongruencia de una buddy movie: el empresario y el burócrata, el impulsivo magnate de Silicon Valley que hizo del ensayo y error un modelo de negocios, y ahora quería transformarlo en un modelo de gestión de gobierno, y el grisáceo y experimentado administrador de Capitol Hill, que calculaba cada paso a dar como una misión divina. El nacionalista cristiano y el transhumanista de fe dudosa, por decir lo menos.
En un principio funcionaron bien: DOGE usaba Big Data para identificar gastos recortables, y la OMB confirmaba los datos y dotaba a Musk y su equipo de herramientas técnicas y experiencia para cortar esos gastos; DOGE aplicó un número significativo de recomendaciones del Proyecto 2025 y Vought ofició de puente entre Musk y los republicanos. El dueño de X funcionaba como ariete mediático, ingresando en agencias federales para abrir datos y justificar recortes, y el equipo de Vought aportaba el conocimiento para ejecutar los ajustes de manera quirúrgica. En una entrevista con Tucker Carlson, Vought ponderó el efecto acelerador de DOGE: “Creo que están aportando un impulso arrollador de creatividad y una forma de pensar ‘fuera de la caja’”.
Sin embargo, el estilo urgente y atolondrado de Elon, enfocado esencialmente en la destrucción sin entender o cuidar las consecuencias dañinas de sus actos, resultó excesivamente conflictivo con el resto de la administración MAGA e irritante para el propio Trump. Muchos de los recortes de DOGE fueron frustrados o frenados por los tribunales. Musk terminó fuera del gobierno y Vought quedó al frente del presupuesto, al que siempre entendió como un instrumento para imponer su visión ideológica. Quizás siempre estuvo al frente: “No era en realidad Musk sosteniendo una motosierra, sino que Musk era una motosierra en manos de Russ Vought”, dijo un alto empleado del trumpismo. “Creo que casi se puede considerar a Elon Musk y DOGE como las fuerzas de choque de Russ Vought”, había advertido Simon Rabinovitch, editor de economía estadounidense de The Economist. “El que lidera realmente esto es Russ Vought. Y él es el general. También es el erudito… en la medida en que exista una justificación legal, esto es algo en lo que Russ Vought está trabajando y ha estado trabajando durante años”. La experticia técnica y política de Vought, además de su claro y estricto horizonte ideológico, no solo le brinda más viabilidad y sentido a la “eficiencia gubernamental”, sino que contiene in nuce un rediseño del propio sistema político norteamericano.
Musk terminó fuera del gobierno y Vought quedó al frente del presupuesto, al que siempre entendió como un instrumento para imponer su visión ideológica.
HACER EL PRESIDENCIALISMO GRANDE DE NUEVO
Vought se declara partidario de un “constitucionalismo radical”. En un ensayo de 2022, instó a los conservadores a “abandonar los precedentes y paradigmas legales que se han desarrollado erróneamente durante los últimos doscientos años”. Y en su capítulo del Proyecto 2025 escribió que el presidente de los Estados Unidos vive en una lucha abierta por el poder con los demás poderes del gobierno, y está llamado a ejercer con agresividad las amplias facultades del Poder Ejecutivo.
En el corazón del Poder Ejecutivo se encuentra la OMB que, según su director, debe ser “un sistema de control de tráfico aéreo del presidente y participar en todos los aspectos del proceso de políticas de la Casa Blanca, volviéndose lo suficientemente poderosa como para anular las burocracias de las agencias implementadoras”. “La OMB no puede desempeñar su papel en nombre del presidente de manera efectiva si no está íntimamente involucrada en todos los aspectos del proceso de políticas de la Casa Blanca y carece de conocimiento de lo que están haciendo las agencias”, escribió.
Varios consideran a Vought “el cerebro del proyecto imperial de Trump” por su creencia en la centralidad del poder presidencial dentro y fuera de los Estados Unidos. Al igual que la mayoría del trumpismo, Vought cree en la teoría ejecutiva unitaria, según la cual el presidente debe tener el control sobre todos los funcionarios y operaciones del Poder Ejecutivo, incluidas el presupuesto, y el Congreso no puede limitarlo ni siquiera a través de la legislación.
Varios consideran a Vought “el cerebro del proyecto imperial de Trump” por su creencia en la centralidad del poder presidencial dentro y fuera de los Estados Unidos.
Una de las herramientas con que Vought cuenta para empoderar al presidente es la “teoría del embargo” del gasto aprobado por el Congreso. Según esta teoría legal, el presidente puede decidir no gastar (“embargar”) el dinero que apruebe el Congreso en algo que considere innecesario. Vought adelantó posibles propuestas presupuestarias que apuntarían a recortes de los programas sociales discrecionales y mantiene cautivos miles de millones de dólares en asistencia. Tanto los demócratas como los especialistas cuestionan la constitucionalidad de la teoría del embargo, que equivale a poner al presidente por encima de la ley, También han asegurado que debido al actuar de Vought en la primera administración Trump es que el Congreso ahora exige que las decisiones presupuestarias legalmente vinculantes de la OMB sean públicas. “Su deseo de control total solo ha empeorado durante esta administración” afirmó la congresista demócrata Rosa Delauro. Por su parte, Vought no duda que está en el camino correcto. “Las nubes de tormenta están sobre nosotros”—dijo en una entrevista reciente en un podcast cristiano— “necesitamos confiar en que el deber es nuestro y los resultados son de Dios”.
Sus allegados aseguran que Vought no dudará en impulsar una agenda que integre el cristianismo en las políticas públicas mientras elimina el gasto en determinados programas y la burocracia que, según él, obstaculiza la voluntad del presidente. Vought sostiene que los funcionarios públicos no pueden ir en contra de los planes del titular del Ejecutivo. Y está preparado para enfrentar esa resistencia. Su grupo de expertos recomendó invocar la Ley de Insurrección para sofocar las protestas y eliminar la Ley de Control de Embargos que limita la capacidad del presidente para bloquear temporalmente el flujo de fondos asignados por el Congreso. Un memorándum de la OMB de los primeros días del segundo mandato de Trump sugirió congelar abruptamente toda la asistencia financiera federal. Otra estrategia sería enviar un paquete de rescisiones al Congreso al final del año fiscal para hacer tiempo hasta la cancelación automática de los fondos.
En el caso de que los republicanos pierdan el control del Congreso en las elecciones legislativas de medio término, algo bastante habitual, Vought cuenta con llevar los conflictos a la Corte Suprema, un tribunal dominado por los jueces designados por Trump. Cualquier fallo hecho por la Corte sentaría jurisprudencia para futuras interpretaciones constitucionales sobre dónde reside realmente el poder en el gobierno federal. Un sólo fallo a favor de Vought sería una reivindicación del Proyecto 2025, de la teoría ejecutiva unitaria y sentaría las bases para dotar al presidente de resortes invaluables.
“Creo que no teme que los tribunales bloqueen su agenda”, señaló Rabinovitch. “Creo que, más bien, quiere que los tribunales sean la jurisdicción que determine si su interpretación de la ley es la correcta. Si tiene éxito, habrá redefinido fundamentalmente los límites del poder presidencial y habrá devuelto a Estados Unidos a una especie de versión de finales del siglo XIX del funcionamiento de la Casa Blanca”.



