Segunda vuelta en Bolivia: resultados y escenarios a futuro
El pasado domingo 19 de octubre, Rodrigo Paz, bajo el sello del Partido Demócrata Cristiano (PDC), fue elegido como nuevo presidente de Bolivia con el 54,49 por ciento de los votos, con una diferencia de casi 10 puntos porcentuales frente al candidato de ultraderecha Jorge “Tuto” Quiroga, de la coalición Alianza Libre, que obtuvo el 45,47 por ciento.
Tras casi dos décadas de gobiernos de izquierda del Movimiento al Socialismo (MAS), que dirigió el país entre 2006 y 2025 —interrumpidos solamente por un golpe de Estado en el año 2019 y la breve dictadura que gobernó hasta 2021—, la derecha política vuelve al Palacio Quemado, sede del Ejecutivo.
Tras una primera vuelta que dividió el voto en tres tercios casi iguales, el bloque popular —un vasto y heterogéneo sector social vinculado a la izquierda y con profundas raíces en las comunidades indígenas— definió el balotaje con un voto de rechazo contra Jorge “Tuto” Quiroga, lo que resultó en el triunfo de la fórmula conformada por Paz y su candidato a vicepresidente Edman Lara.
Tras una primera vuelta que dividió el voto en tres tercios casi iguales, el bloque popular (…) definió el balotaje con un voto de rechazo contra Jorge “Tuto” Quiroga, lo que resultó en el triunfo de la fórmula conformada por Paz y su candidato a vicepresidente Edman Lara.
Un análisis de la distribución de votos en la segunda vuelta revela que el principal respaldo para la fórmula Paz-Lara provino del occidente del país. Esta región había sido históricamente el centro de gravedad del MAS, y fue allí donde la dupla ganadora se impuso en departamentos como La Paz, Cochabamba, Potosí, Chuquisaca y Oruro.
El caso de Cochabamba, bastión del evismo, es un ejemplo de la lógica de voto táctico defensivo que determinó el resultado final. Allí, durante la primera vuelta electoral, los votos nulos batieron récords al superar el 33 por ciento del padrón, mientras que en el balotaje este porcentaje volvió a situarse en sus niveles históricos, al descender a menos del 5 por ciento. En la primera ronda, la fórmula Paz-Lara había quedado en un empate técnico con la de Tuto Quiroga, alcanzando ambas alrededor del 28 por ciento de los votos. No obstante, en la segunda vuelta, más de 480 mil votos se desplazaron hacia la fórmula Paz-Lara, lo que le permitió alcanzar un 61 por ciento de apoyo electoral en el departamento, más del doble que en la primera.
Por su parte, el candidato Tuto Quiroga logró su mejor desempeño al imponerse en Santa Cruz, Beni y Tarija, territorios que históricamente han sido eje de oposición y rechazo al proyecto político indígena. En el caso de Santa Cruz —principal bastión político y cultural de la derecha boliviana, donde incluso se han sostenido reclamos separatistas durante los gobiernos del MAS—, Quiroga obtuvo una holgada ventaja de más del 23 por ciento sobre su contrincante.
En el caso de Santa Cruz (…) Quiroga obtuvo una holgada ventaja de más del 23 por ciento sobre su contrincante.
El propio Evo Morales, algunas horas después de que se conocieran los resultados, aseguró en sus redes sociales que “Paz y Lara ganaron con el voto evista, el voto de los indignados por la proscripción y la exclusión electoral. Los 1,3 millones de votos nulos definieron la segunda vuelta. Está claro que el voto fue más contra Tuto, el eterno perdedor, hijo del dictador Banzer y aliado de Jeanine Áñez”.
Se trata de un desplazamiento electoral que no necesariamente supone un desplazamiento político o ideológico. Es —por el momento— un apoyo circunstancial táctico en el marco de un balotaje en el que, por primera vez en dos décadas, el bloque popular no contó con un instrumento ni una representación política propia.
Fuera del radar de las encuestas, la irrupción de la fórmula Paz-Lara tomó por sorpresa tanto a analistas como a observadores. Su victoria electoral se da en un contexto atravesado por agudas dificultades económicas. Luego de una década marcada por la desaceleración del crecimiento que derivó en un estancamiento, el país entró durante el primer semestre de este año en una importante recesión con una caída del 2,4 por ciento del PIB, una tasa negativa que no se registraba desde hace casi cuatro décadas.
Surcado por una severa escasez de combustible, una inflación galopante y una notable capacidad de impugnación social por parte del bloque popular, el intento de Paz-Lara por articular una nueva mayoría en torno a su proyecto de “un capitalismo para todos” —como denominaron a su alternativa restauradora y modernizadora— parece abrirse paso en un terreno tan complejo como hostil.
El propio Evo Morales, algunas horas después de que se conocieran los resultados, aseguró en sus redes sociales que “Paz y Lara ganaron con el voto evista”.
RESULTADOS POR DEPARTAMENTOS
De los nueve departamentos electorales, la fórmula Paz-Lara logró imponerse en seis, mientras que la candidatura de Jorge “Tuto” Quiroga obtuvo la victoria únicamente en los tres restantes.
La fórmula Paz-Lara logró la victoria en:
-Cobija: 54,8%
-La Paz: 65,7%
-Cochabamba: 61,2%
-Oruro: 59,9%
-Potosí: 63,1%
-Chuquisaca: 53,5%
La fórmula encabezada por Jorge “Tuto” Quiroga logró la victoria en los ya mencionados:
-Beni: 54,1%
-Santa Cruz: 61,7%
-Tarija: 50,4%
RODRIGO PAZ PEREIRA, “MODERADO” Y AL CENTRO
Hijo de Jaime Paz Zamora, uno de los históricos líderes de la izquierda boliviana que luego se convirtió en uno de los presidentes neoliberales del país, Rodrigo Paz nació en Galicia, España, en 1967 durante el exilio de su padre, quien se encontraba en sus años de militancia.
Rodrigo Paz ha construido su carrera sobre un equilibrio entre la tradición política familiar y un discurso moderno de centroderecha. Economista de formación, con una maestría en Gestión Política de la American University de Estados Unidos, Paz Pereira ha realizado un extenso recorrido en instituciones políticas como concejal, diputado, alcalde de Tarija entre 2015 y 2021, y actualmente ocupa el cargo de senador por Comunidad Ciudadana, la alianza liderada por el expresidente Carlos Mesa.
En un contexto en que sectores de derecha se presentaban fuertemente radicalizados, Paz Pereira se ha posicionado como un dirigente moderado, con un discurso enfocado en la institucionalidad democrática, la descentralización y la gestión regional. Su lema de campaña, “un capitalismo para todos”, reflejaba su apuesta por mostrarse cercano no solamente a los sectores económicos concentrados, sino, fundamentalmente, al inmenso mundo de la economía informal del país, donde el 70 por ciento de los trabajadores se desempeñan en condiciones de informalidad.
Paz Pereira se ha posicionado como un dirigente moderado, con un discurso enfocado en la institucionalidad democrática, la descentralización y la gestión regional.
Aunque se ubica en la oposición al Movimiento al Socialismo (MAS) y es crítico de lo que él llama “intervencionismo estatal excesivo” y de la “falta de institucionalidad republicana”, su campaña buscó diferenciarse de la extrema derecha, representada por figuras como Luis Fernando Camacho o Jorge “Tuto” Quiroga, políticos vinculados abiertamente con los sectores más racistas y anti-indígenas del país. Esto le permitió obtener resultados favorables en las 9 provincias ya mencionadas.
Su campaña se caracterizó por un enfoque cercano a la población, con recorridos por más de 200 pueblos bolivianos, participación en festividades locales y un contacto directo con líderes sindicales y comunitarios.
“CAPITÁN” LARA: SEGURIDAD, MANO DURA Y LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN
Su compañero de fórmula, Edman Lara, un expolicía de 39 años —de donde proviene su apodo de “Capitán”— fue quizás la figura que acaparó mayor atención en la campaña. Inspirado en referentes regionales como Nayib Bukele de El Salvador, Lara se convirtió en un fenómeno mediático y popular gracias a su discurso de mano dura y anticorrupción.
Inspirado en referentes regionales como Nayib Bukele de El Salvador, Lara se convirtió en un fenómeno mediático y popular gracias a su discurso de mano dura y anticorrupción.
Lara se volvió famoso a partir de una serie de denuncias que realizó contra sus superiores —a quienes acusó de corrupción—, las cuales resultaron en su detención en 2023. Este hecho, transmitido ampliamente por redes sociales, lo convirtió en un verdadero fenómeno social.
Nacido en Punata, Cochabamba, desarrolló gran parte de su carrera policial en Santa Cruz de la Sierra. Durante su suspensión en la institución transmitía en vivo por TikTok, criticando la corrupción interna y la connivencia policial con sectores delictivos —una práctica frecuentemente presentada como un “mal necesario”.
Fue expulsado definitivamente de la Policía en 2024, momento a partir del cual comenzó a estudiar Derecho y a emprender un negocio de venta de ropa de segunda mano junto a su esposa, construyendo así un perfil popular de “hombre común”.
El impacto de Lara fue decisivo para la campaña de Paz Pereira en primera y en segunda vuelta. Fue su popularidad en redes sociales la que logró movilizar a un electorado de extracción popular, que rechazaba tanto al MAS como a la derecha tradicional. Sin duda una figura a tomar en cuenta para el futuro del país y de la región.
El impacto de Lara fue decisivo para la campaña de Paz Pereira en primera y en segunda vuelta (…) Sin duda una figura a tomar en cuenta para el futuro del país y de la región.
CAPITALISMO PARA TODOS
“Bolivia no solo pide un cambio de gobierno, sino un cambio del sistema político”, fue la idea que Paz afirmó luego de que se conocieran los resultados de la primera vuelta. Con su llegada al Palacio Quemado resta preguntarse qué será lo que pretenda cambiar del sistema político.
La victoria de Paz-Lara supone un claro viraje respecto a las políticas que rigieron en Bolivia durante las últimas dos décadas. La principal bandera de su campaña fue la construcción de un “capitalismo para todos” que, según explicó, consistiría en reducir cargas tributarias y aranceles, facilitar el acceso a créditos y adoptar un sistema de banda cambiaria con máximos y mínimos. “El capitalismo para todos es platita para la gente, estabilidad para que bajen los precios, reglas claras para producir con un Estado que te ayude”, definió Paz en un debate previo al balotaje.
Esta propuesta buscaba diferenciarse de la retórica socialista que los gobiernos del MAS impulsaron durante casi dos décadas, caracterizada por una fuerte intervención estatal en la economía. Paz también anunció que eliminará los subsidios al combustible —que actualmente el Estado cubre considerablemente—, afirmando que se mantendrían solamente para los “sectores vulnerables”. Se trata de una medida arriesgada, considerando que se trata de un precio sensible que ha generado importantes revueltas sociales en la región.
Esta propuesta buscaba diferenciarse de la retórica socialista que los gobiernos del MAS impulsaron durante casi dos décadas, caracterizada por una fuerte intervención estatal en la economía.
En materia de gestión pública, Paz propuso la “descentralización de los recursos públicos”, proponiendo reducir la participación del gobierno central en el presupuesto nacional del 80 por ciento actual al 50 por ciento, y reasignar el 30 por ciento restante a los departamentos bajo un esquema que denominó “Agenda 50/50”. Asimismo, prevé congelar las actividades de las empresas públicas y —bajo una retórica de reducir gastos superfluos— buscará disminuir el personal estatal.
Considerando que tras casi 20 años de gobiernos del MAS se ha construido una extensa estructura burocrática, resulta difícil que una reforma de esta magnitud no genere fuertes conflictos sociales. En el plano judicial, como mencionamos antes, Paz pretende implementar una reforma que elimine la elección popular de los jueces de las instancias superiores.
ASAMBLEA LEGISLATIVA
Tras casi dos décadas de una clara mayoría política del MAS, el mapa legislativo de Bolivia ha experimentado una transformación radical. Los resultados electorales de la primera vuelta consolidaron una abrumadora mayoría para las distintas facciones de centroderecha y derecha, marcando el declive de la representación parlamentaria de la izquierda. El cuerpo legislativo, compuesto por 166 asambleístas (36 senadores y 130 diputados), quedó distribuido de la siguiente manera:
Partido Demócrata Cristiano (PDC): Se consolida como la primera fuerza con 65 legisladores (16 senadores y 49 diputados).
LIBRE (Vinculado a Tuto Quiroga): Ocupa el segundo lugar con 51 legisladores (12 senadores y 39 diputados).
Alianza UNIDAD (del empresario Samuel Doria Medina y Luis Fernando Camacho, gobernador del departamento de Santa Cruz): 32 legisladores (7 siete senadores y 26 diputados).
Autonomía Para Bolivia Súmate (Ligado a Manfred Reyes Villa, alcalde de Cochabamba): Logra seis legisladores (un senador y cinco diputados).
Por su parte, el MAS, que controlaba dos tercios del Congreso, queda prácticamente sin representación tras su implosión. Reducido a tan solo 10 diputados en la Cámara Baja, el antiguo MAS-IPSP se fragmentó en dos espacios distintos: la Alianza Popular, liderada por Andrónico Rodríguez, con ocho diputados, y el MAS, cuyo sello quedó vinculado al sector de Luis Arce, con dos diputados y ninguno de los dos con representación en la Cámara Alta. Finalmente, el grupo Bia-Yuqui, asociado al pueblo indígena yuqui, obtuvo un solo escaño.
POSIBLES ALIANZAS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA MAYORÍA PARLAMENTARIA
Con el 39 por ciento de los escaños, el PDC se encuentra en una posición de ventaja, siendo un espacio clave para la aprobación de leyes. Si bien ningún espacio tiene por sí solo la mayoría necesaria para gobernar, una potencial alianza entre el PDC y la Alianza UNIDAD de Samuel Doria Medina —quien ya ha expresado su apoyo público a Paz— podría crear una mayoría holgada.
Una simple aritmética muestra que, si los 65 asambleístas del PDC se suman a los 32 de UNIDAD, se alcanzarían los 97 votos, una cantidad más que suficiente para impulsar reformas legislativas e, incluso, intentar proyectos de mayor envergadura como una reforma constitucional o la derogación de la elección popular de jueces, un tema que ya está en discusión.
Si los 65 asambleístas del PDC se suman a los 32 de UNIDAD, se alcanzarían los 97 votos, una cantidad más que suficiente para impulsar reformas legislativas e, incluso, intentar proyectos de mayor envergadura.
Sin embargo, la cooperación no está exenta de desafíos. Tanto el Partido Demócrata Cristiano como la Alianza UNIDAD son espacios heterogéneos que funcionan más como “sellos electorales” que como espacios política e ideológicamente articulados. Aún está por verse si Samuel Doria Medina y Luis Fernando Camacho mantendrán una actitud unificada hacia el nuevo gobierno. Tampoco podemos descartar la posibilidad de alianzas con LIBRE, la segunda fuerza, en aquellos temas de interés común para la derecha boliviana.
Consciente de esta heterogeneidad, Rodrigo Paz ya aseguró en su primer discurso que sus asambleístas no responderán al partido sino “al país”. Una forma elegante de dar cuenta de la dificultad de construir una “disciplina partidaria” en el bloque parlamentario, pero también de las posibilidades de cooptación de voluntades en un contexto de vaciamiento ideológico y pragmatismo como el que vive Bolivia.
Simultáneamente, consciente de los votos que lo llevaron a la presidencia, Paz prometió poner fin a la “persecución política”—una referencia que se extiende tanto a los sectores de derecha que denuncian persecución por el masismo, como al propio Evo Morales, lo que reduciría la conflictividad social pero no tendría ningún peso en el parlamento, debido a la falta de representación del evismo en la Asamblea.
Paz prometió poner fin a la “persecución política”—una referencia que se extiende tanto a los sectores de derecha que denuncian persecución por el masismo, como al propio Evo Morales.
Por otro lado, no se puede descartar que Camacho, quien estuvo intensamente vinculado al golpe del 2019, intente impulsar una línea más dura y promueva acciones judiciales contra los principales referentes del antiguo MAS-IPSP. Algo que podría acercarlo a sectores como LIBRE, con quien podría articular una significativa representación parlamentaria desde la cual negociar con el Poder Ejecutivo.
No obstante, como una primera señal en la búsqueda de acuerdos, el binomio Paz-Lara ha anunciado la incorporación de José Luis Lupo, excandidato a vicepresidente por el espacio de Doria Medina, como parte del equipo económico del nuevo gobierno.
De esta manera, con un Congreso más fragmentado y complejo, el futuro gobierno dependerá de la construcción de pactos entre las fuerzas políticas para poder avanzar. La capacidad de articular una agenda común entre estas facciones será el principal desafío para garantizar la gobernabilidad y materializar las reformas que promueve esta nueva mayoría de derecha en el Legislativo.
UN PUNTO DE INFLEXIÓN EN LA POLÍTICA EXTERIOR
La victoria de Rodrigo Paz marca un punto de inflexión en la política exterior y abre un proceso de reconfiguración geopolítica y diplomática del país. Bajo los gobiernos del MAS, especialmente durante la presidencia de Evo Morales (2006–2019), Bolivia desarrolló una política exterior orientada a la búsqueda de autonomía frente a los Estados Unidos, manteniendo incluso una retórica y unas políticas fuertemente antiimperialistas.
La victoria de Rodrigo Paz marca un punto de inflexión en la política exterior y abre un proceso de reconfiguración geopolítica y diplomática del país.
Este enfoque se tradujo en un rol activo dentro del ALBA-TCP —junto a Cuba, Venezuela y Nicaragua—, así como en una destacada participación en organismos regionales como la UNASUR y CELAC, en los cuales Bolivia promovió una política exterior basada en la diplomacia Sur-Sur.
El ascenso de Paz representa un viraje en esta orientación. Durante su campaña, propuso una política exterior de apertura y de reconstrucción de vínculos con Estados Unidos —con quien Bolivia rompió relaciones diplomáticas en 2008—, así como con países con los que había mantenido tensiones, como Chile. Asimismo, planteó promover una mayor apertura comercial, sin romper de manera abrupta los lazos heredados con socios clave como Brasil o China.
“Nuestro mensaje es claro: poner a Bolivia en el mundo y que el mundo venga a Bolivia. Para ello estamos haciendo todos los esfuerzos”, expresó Paz tras su triunfo, asegurando que su gobierno mantendrá relaciones solamente con “quienes entiendan la democracia como fondo”.
Como muestra de este giro, Paz recibió las felicitaciones de varios líderes de la derecha continental, incluidos los presidentes de Argentina, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Así como de la opositora venezolana María Corina Machado, quien expresó su respaldo mediante una videollamada.
En una reciente entrevista con CNN, Paz confirmó que no invitará a representantes de Nicaragua, Cuba ni Venezuela a su toma de posesión, prevista para el 8 de noviembre, aunque aclaró que se respetarán las relaciones diplomáticas con estos países en el marco de los acuerdos vigentes.
En una reciente entrevista con CNN, Paz confirmó que no invitará a representantes de Nicaragua, Cuba ni Venezuela a su toma de posesión.
Respecto a los vínculos con Washington, el mandatario electo afirmó: “Estados Unidos juega un rol preponderante con el cual vamos a restablecer, Dios mediante, si así es la voluntad de las partes, nuestra relación”. Por su parte, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, señaló tras los comicios: “Después de dos décadas de administraciones desacertadas, la elección de Rodrigo Paz inaugura una oportunidad transformativa para ambas naciones. Estados Unidos está listo para ser partner de Bolivia en las prioridades compartidas”.
El nuevo gobierno afirma querer sostener viejas alianzas y, a pesar de su alejamiento de Cuba y Venezuela, evitar convertirse en una extensión de Washington en su hostilidad hacia estos países. Sin embargo, resultará difícil que Rodrigo Paz pueda mantener una política “centrista” en un contexto en el que la política de Estados Unidos en el continente se ha vuelto cada vez más agresiva.
Teniendo en cuenta lo simbólico que resulta para el continente el desmoronamiento de la izquierda boliviana y el retorno de la derecha, resulta probable que actores como Marco Rubio intenten hacer de Bolivia un espacio desde donde impulsar una política de desarticulación del progresismo, sumando el país a la tendencia manifiesta en sus vecinos Argentina, Perú y Paraguay, y en otros países de Sudamérica alineados a su agenda como Ecuador.



