NECESITAMOS CONSTRUIR UNA TEOLOGÍA POLÍTICA SERIA, COMPROMETIDA Y ATENTA A LOS ACONTECIMIENTOS

Conversación con Leopoldo Cervantes-Ortiz

(PARTE II)

En esta segunda parte de la conversación con Leopoldo Cervantes-Ortiz, uno de los teólogos y pensadores protestantes más destacados de México y América Latina, abordamos el nacionalismo cristiano, los planteamientos del neocalvinismo y las coincidencias entre algunos teólogos modernos y el pensamiento conservador. Pero también exploramos la importancia de recuperar los planteamientos de una ética cristiana en un mundo plural, que abone a la sociedad desde una vocación que responda de manera auténtica a los principios del Evangelio. Finalmente, discutimos la necesidad de construir una educación teológica en las iglesias y en la sociedad, así como el valor de desarrollar una teología política esperanzadora que dialogue con la realidad y aborde los temas concretos de los pueblos.

Fotografía: Traza Continental

TC: Uno de los planteamientos que han hecho varios líderes religiosos y pastores de iglesias, sobre todo en Estados Unidos y en Europa —no solamente pentecostales, sino algunos identificados como calvinistas o neocalvinistas como Doug Wilson o Albert Mohler— es el llamado “nacionalismo cristiano”, que a su vez dialoga con el “nacionalismo conservador” que vienen planteando varios intelectuales, en especial el judío Yoram Hazony o católicos como Patrick Deneen, que es profesor en la Universidad de Notre Dame. Unos y otros argumentan la necesidad de poner en el centro de la construcción de las naciones modernas los valores conservadores y ubican ahí a los principios judeocristianos, en contraposición a los principios liberales y pluralistas que venían predominando en casi todos los Estados modernos en Occidente. El experimento de la Hungría de Viktor Orbán, que se define como calvinista y que ha sido muy influido por Hazony, es un ejemplo de cómo están llevando a la práctica este planteamiento. En el caso de Estados Unidos, el nacionalismo cristiano cuenta con promotores como el senador Josh Hawley o Russ Vought, director de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca y uno de los funcionarios más cercanos al presidente Donald Trump. ¿Por qué crees que está teniendo tanta influencia este planteamiento en la derecha y cómo lo explicarías? ¿Cómo podríamos explicar este esfuerzo, que es además ecuménico, es decir, ya no solamente son los sectores evangélicos y neopentecostales sus defensores, sino que se están sumando otros actores del protestantismo más tradicional, del judaísmo y el catolicismo? El momento cumbre de ese gran frente ecuménico fue el homenaje a Charlie Kirk, que tuvo un impacto no solamente en Estados Unidos, sino en Europa, América Latina y otras partes del mundo.

LC-O: Sí, curiosamente mientras plantean la pregunta viene a mi mente lo que pasó con estas reuniones de la derecha mundial, que son simultáneas y están relacionadas con esta tendencia. Hace falta revisar con detalle a estos personajes para entenderlos en profundidad y para entender los alcances de este “nacionalismo cristiano”. En México está el caso del movimiento liderado por Eduardo Verástegui, que ha hecho ruido con el asunto y que se siente muy apoyado por Donald Trump desde Estados Unidos. Pero también hay algunos antecedentes de estos planteamientos en la figura de Lech Walesa, el polaco católico que fue líder del sindicato Solidaridad en los setentas y ochentas. Walesa, en sus esfuerzos por impactar a otros países con sus planteamientos, vino a México, donde hasta cargó una Virgen de Guadalupe y se puso sombrero charro. Una cosa muy populista.

Hay algunos antecedentes de estos planteamientos en la figura de Lech Walesa, el polaco católico que fue líder del sindicato Solidaridad en los setentas y ochentas.

Cuando hablamos de ecumenismo hay que hacer algunas precisiones. En los desayunos nacionales evangélicos de los que hablábamos antes, también se invita a personas judías y católicas, pero esto es muy reciente y tal vez en otras circunstancias, para hablar del caso de México, no se hubiesen podido realizar, porque en nuestro país el ecumenismo nunca ha tenido mucha fuerza. ¿Por qué? Porque el ecumenismo siempre se sintió como una imposición de la Iglesia Católica para favorecerla o para dar un rostro de unidad y eventualmente lograr que las iglesias protestantes o evangélicas retornaran al catolicismo, un sueño que nunca se cumplió, obviamente. Y muy probablemente estas posturas que están teniendo éxito en Estados Unidos no sean muy bien vistas en México, precisamente porque son planteamientos muy estadounidenses y europeos.

Ahora, mencionan al húngaro Viktor Orbán, que efectivamente se define como calvinista, pero que podría ser tranquilamente un neocalvinista. Ahora mismo hay una discusión en el ámbito teológico —en el académico no tanto— con respecto a este planteamiento. Hay un debate fuerte en torno al neocalvinismo que tal vez no trascienda tanto en el ámbito de la política, pero sí en el ámbito religioso, porque ha influido muchísimo en las nuevas generaciones de estudiantes de teología y pastores jóvenes en las iglesias de hoy. Ha habido personajes neocalvinistas muy influyentes, algunos de ellos han fallecido recientemente.

 

TC: ¿Como quiénes?

 

LC-O: John MacArthur, por ejemplo. Timothy Keller, R.C. Sproul y otros más. Pero estos son los nombres más visibles. Esos personajes, que se presentan como teólogos neocalvinistas atendibles, tienen una fuerza importante en las iglesias porque se les toma como lo que ellos se presentan: teólogos preocupados por la fe, por la espiritualidad, por la iglesia, y no se destaca o no se toma en cuenta la parte del discurso político que brota de sus enseñanzas. Tanto Keller, como Sproul y MacArthur han sido traducidos de una manera impresionante a muchos idiomas, lo que otros grandes teólogos contemporáneos —que en mi opinión son mucho más atendibles— no. Hay muchos recursos invertidos para que sean traducidos y para que su mensaje llegue se extienda con más facilidad.

Se les toma como lo que ellos se presentan: teólogos preocupados por la fe, por la espiritualidad, por la iglesia, y no se destaca o no se toma en cuenta la parte del discurso político que brota de sus enseñanzas.

TC: Están en todas las librerías cristianas de América Latina que hemos podido visitar: en México, en Argentina, en Ecuador, en Uruguay, en Perú…

 

LC-O: Sí, se venden paquetes completos de sus obras. Se distribuyen de lado a lado del continente; pero en España también se leen mucho. Entonces ejercen una influencia muy grande en los creyentes y en las iglesias con planteamientos muy parecidos a los de los personajes que mencionaban ustedes antes en la parte política. Podríamos decir que son la contraparte teológica.

Hay una nueva generación ahora de estudiosos, de sociólogos, que no son cristianos necesariamente pero que tienen mucho interés en el tema del neocalvinismo y de la influencia que está teniendo en las comunidades cristianas. Sin embargo en México, en Chile, en Argentina, se estudia la parte teológica, se hace crítica desde lo religioso, pero todavía no se alcanza a dimensionar la relación entre unos y otros grupos, entre los teólogos y los políticos o los activistas.

Volviendo al nacionalismo cristiano, yo lo veo como un fenómeno demasiado estadounidense. No ha permeado tanto en la concepción latinoamericana de la política o del gobierno, lo ha hecho más el dominionismo, que mencionamos antes, y que tiene en común con el neocalvinismo y la teología reformacional la concepción de que el creyente, o la iglesia, o los grandes ideólogos de una iglesia deben conducirla a una participación política muy militante, muy activa, muy contestataria en el sentido de que el reino de Dios tiene que ser visible, no en los gobiernos actuales sino en gobiernos nuevos dirigidos por cristianos. En esto las ideas de Abraham Kuyper, teólogo neocalvinista que fue primer ministro de Países Bajos a inicios del siglo XX, son muy importantes.

En México, en Chile, en Argentina, se estudia la parte teológica, se hace crítica desde lo religioso, pero todavía no se alcanza a dimensionar la relación entre unos y otros grupos, entre los teólogos y los políticos o los activistas.

Algunos, si no es que la mayoría, de los sectores dominionistas y neocalvinistas muchas veces desprecian o no consideran suficiente que un gobierno mantenga ciertos principios cristianos o valores semejantes a los suyos. En México, por ejemplo, hubo grupos de creyentes que afirmaban que el expresidente Andrés Manuel López Obrador, por no tener una definición confesional clara, no era cristiano, aunque muchas veces así lo haya afirmado y haya guiado algunas de sus políticas bajo principios bíblicos y humanistas; pero era invalidado porque no había una orientación total del gobierno bajo los parámetros de estos grupos. Ahora, dicen, el gobierno mexicano es el colmo de la contradicción porque está en la presidencia una mujer judía, pero atea —refiriéndose a Claudia Sheinbaum— que no solamente no cree en Dios sino que dirige un movimiento político que ha reintroducido el “neopaganismo”, como le llaman a las ceremonias ancestrales que se llevaron a cabo en la toma de protesta de las y los nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Otro aspecto relevante del neocalvinismo es que es contrario a la Revolución francesa, al modernismo y al liberalismo también. Tienen enemigos en toda la franja sociopolítica que uno se pueda imaginar. En el caso mexicano cuentan con mucha fuerza en Chiapas. Hay iglesias allá que ya han cambiado incluso su nombre y en la Secretaría de Gobernación ya hay iglesias registradas como “iglesias presbiterianas reformacionales”, tal cual, así como sucedió con los pentecostalismos, ahora hay una iglesia presbiteriana renovada, que es una iglesia presbiteriana de liturgia pentecostal y que cree en el principio de la “soberanía de las esferas”. ¿Qué significa esto? Separar por estamentos, por esferas, toda la realidad y creer que cada ámbito se comporta de manera independiente pero relacionado en un todo, y en cada una de las esferas tiene que primar una cosmovisión cristiana. Una de las esferas es la política, en la que hay que no solamente tener incidencia sino preeminencia, como lo creen los dominionistas. Todos estos planteamientos vienen del ya mencionado Abraham Kuyper.

Hay un filósofo de la Universidad Veracruzana que ha venido planteando estas ideas en el contexto mexicano. Adolfo García de la Sienra es uno de los grandes representantes de este movimiento y ahora está con la idea de formar un partido político. Él estuvo involucrado en la campaña de Vicente Fox en su momento y hasta participó en la elaboración del llamado “Decálogo para las iglesias” del panista. Después se desencantó, cambió de perspectiva y ahora sus esfuerzos han desembocado en el Frente de la Reforma Nacional, como le llaman a su propuesta política, que no es legalmente un partido pero busca serlo. Y les ha pasado un poco lo que les pasó a estos movimientos en los años 90. O sea, tienen una plataforma política o pretenden tenerla, pero no han dado los pasos específicos para conseguir un registro como agrupación política nacional. Pretenden mostrarse como una alternativa, pero no tienen la fuerza suficiente todavía. ¿Por qué? Porque socialmente están restringidos. Adolfo en particular es muy elitista en el sentido intelectual. Presenta sus planteamientos como “filosofía reformacional” y no como “teología reformacional”. Pero los pastores, en su gran mayoría, no dominan la filosofía, no tienen bases filosóficas sólidas, entonces los liderazgos dicen: no, la gente no va a captar todo esto, tenemos entonces que transformar las mentalidades para que nuestro planteamiento tenga impacto, lo que es muy complicado de hacer.

Pretenden mostrarse como una alternativa, pero no tienen la fuerza suficiente todavía. ¿Por qué? Porque socialmente están restringidos.

TC: Hay otros autores muy seguidos en América Latina por los movimientos conservadores, personajes que vienen influenciados también por la teología política y la formación religiosa. Agustín Laje, por ejemplo, que después de estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba se va a España y estudia en Navarra en una universidad del Opus Dei, donde tiene como tutora de tesis a Montserrat Herrero, una filósofa que ha trabajado mucho a Carl Schmitt.

LC-O: Les voy a decir un dato que al principio no le di tanta importancia pero que después para mí fue y es un foco rojo impresionante. Yo pertenezco al Consejo Editorial de Casa Unida de Publicaciones (CUPSA), que es una editorial cristiana con más de un siglo de vida. El director antepasado de repente un día me dice: “Oye, llegó la propuesta de editar un libro fenomenal, fenomenal”. ¿Cuál es?, le pregunté. “El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural, de Agustín Laje”, me respondió.

Sus representantes en México buscaban que CUPSA editara y distribuyera el texto. Me llamó la atención que el ex director estuviera tan comprometido con el proyecto. Laje y sus colaboradores en México han querido darle mucha difusión a sus ideas, que además son muy virulentas.

TC: Las últimas veces que Laje ha visitado México ha impartido sus conferencias en auditorios y locales de iglesias evangélicas. En la Ciudad de México su plática fue en la iglesia Emanuel, ahí estuvo impartiendo su mensaje.

LC-O: Sí, es bueno seguirles la pista y analizar los vínculos. Hay algunos estudiosos latinoamericanos, particularmente un amigo que dirige un área de posgrado en Chile, en la Universidad Arturo Prat, que es muy observador también de estos fenómenos. Se llama Hedilberto Aguilar de la Cruz. Y precisamente por su experiencia, me gustaría invitarlo a él (y a más personas) a otros foros en los que participamos, como la Fraternidad Teológica Latinoamericana acá en México, para que nos hable, entrando en el punto de la relación entre religión y política, del comportamiento de estos movimientos en Chile, porque él vive ahí y está muy al tanto, y ha observado mucho del comportamiento de estos actores.

“Oye, llegó la propuesta de editar un libro fenomenal, fenomenal”. ¿Cuál es?, le pregunté. “El libro negro de la nueva izquierda: ideología de género o subversión cultural, de Agustín Laje”, me respondió.

TC: Lo de Chile es importante porque es muy probable que tengan una influencia importante en las elecciones presidenciales. El sector de las iglesias evangélicas y neopentecostales está mayormente derechizado y puede que en la primera vuelta de noviembre su voto se divida entre las distintas opciones de derecha, pero para la segunda vuelta seguramente apoyarán casi todos a la opción conservadora. Desde el inicio del gobierno han tenido un rechazo muy fuerte al gobierno de Gabriel Boric y son detractores de muchos de los derechos que se discutieron para la nueva Constitución. El discurso de base para la participación política de estos sectores en Chile ha sido el rechazo al proceso constituyente por las posturas en torno a los derechos de la población LGBTI+. Entonces, es muy probable que busquen el retorno de la derecha al poder como una salida a estas preocupaciones.

LC-O: Sí, totalmente de acuerdo. Habrá que estar pendientes de lo que pase.

TC: Pasando ahora del terreno del diagnóstico a la propuesta, queremos preguntarte: desde tu perspectiva, como una de las personas que más y mejor conoce el protestantismo en México y en América Latina, ¿cuáles consideras que podrían ser los planteamientos en materia política que recuperen lo mejor de la tradición y la ética protestante en un mundo plural como el que vivimos? ¿Y cómo puede dialogar esta tradición con la construcción de proyectos más humanistas, que pongan en el centro de su acción no el odio a lo diferente sino la garantía de las cuestiones vitales del cristianismo como la preocupación por los pobres, los desamparados y las viudas, es decir, lo que marca el Evangelio? ¿Cómo tender puentes para que estos sectores cristianos tengan una posición menos ideológica y más ética en relación con el avance de determinados derechos, el avance de determinadas posiciones en términos de educación, salud, etc.? ¿Cómo construir también otros diálogos, otras propuestas, que no pongan el foco en eso que divide, que es una agenda muy reaccionaria, sino que pongan el foco en aquello que une, por ejemplo, en el cuidado del otro, en la educación del otro, en el amor al prójimo?

LC-O: Justamente hace unos días comentamos algo relacionado con esto. El cuestionamiento era el siguiente: ¿Cuáles son las razones específicas que hay de fondo, qué argumentación se puede dar para dejar de ver como acción relacionada con el extendimiento del reino de Dios en la Tierra —en el lenguaje religioso y teológico— el avance de determinados derechos, particularmente en México, a partir de lo que va del milenio? Por ejemplo, la tipificación de delitos como el feminicidio, los relacionados con la violencia doméstica, el avance de derechos para los movimientos marginales, LGBTI, y todos esos derechos que se han obtenido por las luchas de mucha gente, ¿por qué no pueden ser vistos como parte de la gracia de Dios hacia estos sectores? En ese punto particular, siempre los temas relacionados con la sexualidad son un problema más complejo, pero en los otros asuntos directamente relacionados con la muerte, con la violencia, con la justicia social, ¿cuál es el tipo de reacción que podría esperarse en iglesias medianamente informadas y por qué su interpretación de esos acontecimientos no pasa por el filtro de lo que Dios hace en la historia? Discursivamente, en las predicaciones dicen, sí, sí, “Dios actúa en la historia, Dios se sigue moviendo”, lo que sea. Pero ya en el terreno de los hechos, cuando se obtienen derechos concretos, hay cambios legales de fondo, eso no entra al filtro de la interpretación religiosa y no se reconocen en esos hechos acciones válidas de salvación.

¿Cuáles son las razones específicas que hay de fondo, qué argumentación se puede dar para dejar de ver como acción relacionada con el extendimiento del reino de Dios en la Tierra —en el lenguaje religioso y teológico— el avance de determinados derechos, particularmente en México, a partir de lo que va del milenio?

Creo que por allí iría un poco la posible respuesta a esto, ¿qué planteamientos debe haber? Evidentemente para una tradición protestante tiene que recuperarse la enseñanza bíblica que apunta hacia esta lectura. Ahora mencionaron varias cosas al respecto: el cuidado del huérfano, de la viuda, del extranjero; son mandatos constantes en el Antiguo Testamento, pero aún siéndolo no permean en la conciencia religiosa de los movimientos evangélicos. Parecería que son otras las preocupaciones, se observan los problemas de la violencia, de la inseguridad y hay mucha queja de que el gobierno no reacciona, que no responde, se pone en tela de juicio el accionar del Estado y si verdaderamente está ligado a sectores criminales, aceptando la propaganda que viene de la derecha. Se atiende más a ese mensaje que a la palabra de Dios en muchas iglesias. En este sentido, no se recupera lo mejor de la tradición ética protestante. Y en un mundo plural, menos. Poníamos el ejemplo del “neopaganismo”, que se hace una lectura bastante equivocada de esto y se toman posturas radicales a partir de una falta de comprensión del pluralismo en el que vivimos.

Les pongo un ejemplo muy concreto: el ministro de Educación de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, un pastor y profesor yucateco en el Seminario Teológico de Mérida. A él le tocó andar por acá en la Ciudad de México cuando estaba la gran exposición en el Zócalo dedicada al mundo prehispánico. Le tocó ver eso. Su reacción fue que se trataba de un “neopaganismo” que no podía ser aceptado. Es decir, interpretó una exposición en el Zócalo como un intento por parte del gobierno de imponer creencias neopaganas, haciendo además una lectura de la historia de México completamente desapegada de la realidad. Esto parecería menor, pero no lo es, tomando en consideración la influencia que tiene en la iglesia en la que está, porque siendo ministro de Educación en su iglesia se le escucha mucho y también tiene cierto impacto en las redes sociales.

Incluso el concepto de “humanismo” que se ha implementado desde el gobierno en estos dos sexenios no se lo entiende. Se lo ve separado de un planteamiento bíblico que pone en el centro el cuidado y el amor al prójimo. En muchos de estos sectores es muy mal visto que alguien como López Obrador hiciera referencia al amor al prójimo. “No le queda, no está bien”, decían, y no desde la crítica —que otros sí hicieron— de que en un Estado laico no debería haber referencias religiosas. No fue por ahí, más bien vieron como inaceptable que una persona que no fuera cristiana, de acuerdo con sus parámetros, hablara del amor al prójimo o citara la Biblia en sus intervenciones.

Incluso el concepto de “humanismo” que se ha implementado desde el gobierno en estos dos sexenios no se lo entiende. Se lo ve separado de un planteamiento bíblico que pone en el centro el cuidado y el amor al prójimo.

Ahora, hay otro tema preocupante que es que la ética protestante ya tampoco se conoce lo suficiente en las iglesias. Yo recuerdo al profesor brasileño Oneide Bonsin, quien hace más de 10 años decía que la ética protestante ya murió. Eso que Weber señaló y que puede discutirse de muchas maneras. “Eso ya no existe, eso ya no está presente, eso ya no mueve a las personas en las iglesias”, decía. Las mueven otras cosas: ideologías predominantes, propaganda política, su insatisfacción por la manera en que viven. En fin, las mueven muchas cosas, pero no la ética protestante. La ética protestante, decía este autor, está de salida.

En el caso mexicano, la escucha por parte del gobierno o la creación de instancias donde podrían vertirse algunos planteamientos de las iglesias con distintos puntos de vista no ha sido hasta ahora la mejor. La Secretaría de Gobernación ha hecho esfuerzos y el Consejo Interreligioso de México también, pero no han tenido el impacto que podrían tener. Y a nivel local también. Se mantiene un esquema muy superficial. Si el Gobierno de la Ciudad de México invita a líderes religiosos a dialogar, es muy por encima, siempre son los mismos, son de las mismas iglesias; van, se toman la foto y listo. Incluso hay una crítica hacia Claudia Sheinbaum por no abrir los espacios de diálogo, a diferencia de lo que hizo López Obrador al inicio de su gobierno o incluso durante la campaña, donde Pedro Etienne —exmilitante del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) que fue el enlace de Cuauhtémoc Cárdenas con las iglesias cristianas— ayudó a tender algunos puentes, además de los propios canales que usó López Obrador como su alianza con el PES y su cercanía con Arturo Farela, un pastor muy activo en política. Pero sobre Claudia la crítica de muchos sectores ha sido sin piedad: “Claudia no nos toma en cuenta en lo absoluto porque es judía y atea”, dicen, “y no compartimos su idea de humanismo, su idea de pluralidad, su idea del neopaganismo. Por lo tanto, si seguimos así, nosotros seguiremos nuestra propia ruta”. Y la ruta ya sabemos cuál es y no es precisamente la de la recuperación de los principios del Evangelio, como lo mencionábamos antes, sino la oposición política y la derechización.

Hay esfuerzos en el sentido opuesto; pocos, pero los hay. Las Iglesias por la Paz, por ejemplo, que son parte de un movimiento interreligioso, han hecho esfuerzos por dialogar y recuperar el carácter verdaderamente cristiano de la participación política, pero todavía tienen una presencia muy pequeña en comparación con otros grupos. Hay un panorama complicado.

Las Iglesias por la Paz, por ejemplo, que son parte de un movimiento interreligioso, han hecho esfuerzos por dialogar y recuperar el carácter verdaderamente cristiano de la participación política.

TC: Jürgen Moltmann, uno de los teólogos protestantes más importantes del siglo XX, planteó la necesidad de construir una teología de la esperanza como un ejercicio activo de involucramiento constante en la realidad. Habló de una esperanza entendida no como una espera pasiva, sino creativa, justo en un contexto complejo como fue la posguerra. Promovió muchas iniciativas de diálogo en Alemania y fue además de un gran teólogo un activista político reconocido. Decía que su imagen de la teología política era poder celebrar el servicio religioso en la iglesia y después salir a la calle a manifestarse en favor de la libertad y la justicia. Rubem Alves, que tú conociste bien, hizo lo propio desde América Latina, planteando una teología de la esperanza humana (le agregó “humana”). ¿Cómo podemos recuperar el ímpetu de estos pensadores, Moltmann, Alves, algunos otros que quieras mencionar en esta línea, en un mundo donde cada vez reina más el catastrofismo y se mira el avance de la tecnología como una amenaza a la existencia, como un síntoma inequívoco del fin de los tiempos? ¿Cómo recuperar las esperanza en un contexto donde se revive todo este pensamiento apocalíptico que en vez de detonar una actividad humanista y una radicalidad transformadora, convierte al cristianismo en un ente reaccionario? ¿Cuál sería el aporte del cristianismo y del protestantismo en este momento de necesidad de respuestas por parte de la humanidad, sobre todo cuando las respuestas que tienen más fuerza están viniendo desde la reacción, desde el rechazo al migrante, al otro? ¿Cómo los creyentes pueden participar de manera más activa de un mundo que todavía está por construirse?

LC-O: Sí, creo que la mención de estos dos autores y algunos otros es importante. Pienso sobre todo en Paul Tillich, que cuando habló de la era protestante —cuando escribió su libro sobre ese tema, en los años 60, ya le quedaba poco tiempo de vida— dijo: ¿pero no será que ya estamos llegando al fin de la era protestante? La era protestante se caracterizó por el rechazo a los absolutismos, el superar el temor a la tecnología, superar los catastrofismos, son cosas que él consideraba que el protestantismo incluso ya había superado, hablando por supuesto desde el primer mundo, porque era un alemán trasplantado a Estados Unidos.

Uno de los grandes problemas que siempre han tenido estas teologías fue que no alcanzaron a llegar al ámbito de la militancia eclesial. Recuerdo siempre mucho lo que decía C. S. Lewis: uno puede darse cuenta del impacto teológico de los grandes pensadores 30 o 40 años después debido a que sus planteamientos se popularizan luego de ese tiempo, es decir, que la gente comienza a decir las cosas que ellos planteaban, aunque en su momento hubiesen sido incomprendidos o ignorados. Es cuando la gente se apropia de las ideas que trascienden. Por ejemplo, Dietrich Bonhoeffer planteó que el cristianismo no era una religión, sino una ética, y fue asesinado por los nazis. Pero 30 o 40 años después casi todos los movimientos cristianos retomaron ese planteamiento. Repetían a Bonhoeffer.

Uno puede darse cuenta del impacto teológico de los grandes pensadores 30 o 40 años después debido a que sus planteamientos se popularizan luego de ese tiempo, es decir, que la gente comienza a decir las cosas que ellos planteaban, aunque en su momento hubiesen sido incomprendidos o ignorados.

Creo que ese lastre, a diferencia de otros ambientes geográficos, nos ha perseguido mucho y nos ha costado mucho trabajo, le ha costado mucho trabajo a la teología protestante aterrizar en espacios colectivos populares, porque tal vez incluso el origen de mucho de ese pensamiento es más académico, más de universidad y más noratlántico. Y en nuestro medio no es así, es diferente, cambia. Yo lo que veo, en cierto modo, es una especie de retroceso, porque ahora el protestantismo, incluso en los espacios de formación teológica, está regresando a la apologética, a la defensa de la fe, a la idea central de que si atacan a la iglesia yo la tengo que defender, y se está dejando de lado una teología más activa socialmente. ¿Quién ataca a la iglesia? Una cosa amorfa que se ha construido a partir de los movimientos conservadores que es “lo progre”. El enemigo del cristianismo y las comunidades eclesiales es “lo progre”, pero hay una caricaturización infame de ese concepto.

El otro día estaba escuchando a un teólogo salido del seminario hace unos cinco años referirse al tema y tiene una visión del progresismo completamente errada. Alguien tendría que aclararle qué es el progresismo y por qué surgió. Y sí, ciertamente pudo haber incurrido en algunos extremos, especialmente, por ejemplo, en los movimientos feministas. Pero sin el progresismo, ¿cómo estaría el mundo hoy? Sin los movimientos de lucha por los derechos, de respuesta ante las injusticias, sin opciones que permitan contrarrestar o por lo menos resistir la ola conservadora que estamos viviendo, ¿cómo estarían las cosas? Cuando vienen cambios político-electorales en los diferentes países, varios politólogos hacen un análisis y van mirando cómo un país se derechiza más o es más progresista; y ven equilibrios o tendencias, y pueden hacer análisis más mesurados de lo que puede pasar, pero muchos de estos cambios no se están analizando en el seno de las iglesias.

Hay, como siempre, focos sueltos, esfuerzos que están buscando eso, aunque aislados. Por ejemplo, cuando en la OEA entró el lobby conservador de las iglesias evangélicas, hubo esfuerzos por parte de otros sectores para contrarrestar y buscaron tener una voz también. Y cada bloque expuso sus ideas, lo que generó esperanza en algunos de esos sectores de que esas voces progresistas del protestantismo tuvieran un espacio y se pudieran dar a conocer, y con ello disputar esa imagen de que lo evangélico todo es igual, todo es uniforme, todo es unánime, y no es así. Hay también sectores progresistas que están dando la pelea.

Cuando vienen cambios político-electorales en los diferentes países, varios politólogos hacen un análisis y van mirando cómo un país se derechiza más o es más progresista (…) pero muchos de estos cambios no se están analizando en el seno de las iglesias.

Y todo esto nos lleva inevitablemente a la cuestión de la educación teológica. La educación teológica tiene que incluir estos elementos de análisis de la realidad, tiene que recuperar esta visión que Moltmann, Alves, Bonhoeffer y Tillich, por mencionar solo algunos, tuvieron, sobre todo en lo relativo a la teología política. Hay representantes muy interesantes de la teología política —también llamada teología de lo público o teología pública— en América Latina que están yendo por esta línea. Por ejemplo, en Brasil, está el profesor Rudolf von Sinner. Aunque él es de origen europeo, se estableció en Brasil y ha estado produciendo mucho material sobre teología pública para las instituciones luteranas, más cercanas al protestantismo histórico. Estas instituciones están tratando de responder a la necesidad de que la teología protestante demuestre la importancia de su herencia. Buscan dar a conocer con claridad que su teología puede ser muy útil para las sociedades de hoy. Esto se está dando con un debate plural y en medio de la urgencia de analizar los desmanes tan terribles que produjo el neoliberalismo en la humanidad. El desafío que plantean es: ¿cómo responde la fe a todo eso desde una teología política seria, comprometida y atenta a lo que está sucediendo? Por eso es muy importante la educación teológica. Y la educación teológica debe contemplar la teología de lo público, la teología política.

Para cerrar quisiera hacer una última reflexión relacionada con esto: ¿las instancias religiosas deben involucrarse en las políticas públicas de un gobierno? Sí, pueden hacerlo, pero no desde la imposición de su visión unilateral de lo que debe ser, sino desde un diálogo respetuoso del Estado laico y desde una teología pública seria. Por ejemplo, hoy el Gobierno de México está promoviendo de manera muy importante la prevención del embarazo adolescente, que es un problema grave y un asunto de salud pública. ¿Tiene implicaciones religiosas? Sin duda.

La Iglesia Católica está en contra del aborto y sostiene que una adolescente de 12 años embarazada debe de tener al bebé porque sí. ¿Qué dice la perspectiva de una teología política seria? Que esto no puede ser así nada más, es un problema humano, ético, moral y teológico que debe de reflexionarse en todo sentido. O sea, no puede ser que se condene el aborto por un lado y que no se acompañen los esfuerzos del gobierno por prevenir los embarazos adolescentes. Se tiene que apoyar a un gobierno que está dando elementos desde los libros de texto para evitar que haya más embarazos de este tipo. Se tiene que hacer. La teología política debe retomar temas así de cercanos y de inmediatos para enseñarlos en las iglesias. Las iglesias deben ser promotoras de evitar embarazos de adolescentes.

¿Las instancias religiosas deben involucrarse en las políticas públicas de un gobierno? Sí, pueden hacerlo, pero no desde la imposición de su visión unilateral de lo que debe ser, sino desde un diálogo respetuoso del Estado laico y desde una teología pública seria.

Si dentro de las comunidades suceden, hay que preguntarse qué está pasando. Y tener una reflexión integral. No se trata de decir: “Es que en el campo, en el ámbito rural es lo más común y pues ni modo”. No, ¿qué pasa? No puede ser que se normalice un tema así. O no puede ser que las propias adolescentes digan: “Pues lo quiero tener y lo voy a tener”. ¿Por qué están pensando así? ¿Qué las orienta a eso? ¿Me explico? Entonces, para recuperar una teología esperanzadora debe haber también una teología política que trabaje este tipo de temas y otros que estén cercanos a los problemas de la gente. En los seminarios y en las iglesias deben trabajarse estos temas.

TC: ¿Y dirías que también se necesita una educación teológica por parte de los hacedores de política, de quienes toman las decisiones públicas, de los activistas y los partidos políticos?

LC-O: Sí, sin duda. Yo estoy seguro de que estos políticos que están al frente del gobierno, que están en puestos de decisión, no se imaginan que desde el ámbito religioso, protestante en particular, hay planteamientos serios que les pueden ayudar y servir para promover cambios tan específicos como este que conversábamos del embarazo adolescente. En la Secretaría de Educación Pública (SEP) me ha tocado ver algo que se ha hecho en los libros de lecturas, que antes eran de lecturas sólo literarias y cosas de poesía, literatura, que está bien, pero ahora que cambió el concepto del libro de lecturas hacia el aprendizaje de múltiples lenguajes, se puede ver un cambio importante. En un tema tan específico como la menstruación, ¿cómo se nos enseñaba a nosotros como hombres, como niños y adolescentes en las escuelas este asunto? No había nada. Era un aprendizaje aleatorio, vulgar, obsceno y terrible sobre un hecho cotidiano y normal en la vida no sólo de las mujeres sino de los hombres. ¿Qué hace ahora la SEP? Agrega una lectura sobre el tema para todos, no sólo para las niñas, para todos, y muestra un caso de una casa especial donde las mujeres se reúnen cuando están en esos días de su vida, para apoyarse mutuamente, para escucharse. Las mujeres ya más grandes les enseñan a las niñas y adolescentes que empiezan a experimentar ese proceso fisiológico, y se lo ve entonces como un asunto natural, humano y del que hombres y mujeres deben conocer como parte de su educación. Temas así contienen los libros de lecturas de la SEP. Y nunca se había hecho eso.

Entonces, esta concepción social y colectiva de los temas es liberadora. Yo pienso como hombre que si a mí me hubieran enseñado eso en la edad correspondiente, habría entendido muchísimas cosas más. Mi conciencia hubiera sido muy diferente, no porque podía uno volverse algo de lo peor, pero sí hay quien abusa, quien ofende, quien molesta a las mujeres en su periodo menstrual. ¿Qué tiene que decir la teología pública sobre esto, cómo se construye una subjetividad como creyente distinta a partir de esto? Es así de concreto.

Yo estoy seguro de que estos políticos que están al frente del gobierno, que están en puestos de decisión, no se imaginan que desde el ámbito religioso, protestante en particular, hay planteamientos serios que les pueden ayudar y servir para promover cambios.

TC: Sí, totalmente, y hay que producir una apertura también del lado político hacia la fe, hacia escuchar qué se tiene que decir desde la perspectiva de una teología política responsable y ética.

LC-O: Hay que abrir el diálogo, escuchar qué perspectiva hay. Porque sí hay cosas muy interesantes. Hay que hacer más teología de lo público, teología pública, y repensar el impacto de la fe en las instancias sociopolíticas. Necesitamos construir una teología política seria, comprometida y atenta a los acontecimientos.

En esta segunda parte de la conversación con Leopoldo Cervantes-Ortiz, uno de los teólogos y pensadores protestantes más destacados de México y América Latina, abordamos el nacionalismo cristiano, los planteamientos del neocalvinismo y las coincidencias entre algunos teólogos modernos y el pensamiento conservador.

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