El asesinato de José Felipe Reyes Ossa, conocido como el “Rey de Meiggs”, ha conmocionado al país por la intrincada trama de dinero, traición y crimen organizado que lo envuelve. Reyes Ossa, un reconocido comerciante de 43 años, fue acribillado a plena luz del día el pasado 19 de junio a la salida de su departamento en Ñuñoa. Desde el inicio, la investigación apuntó a un homicidio por encargo, y rápidamente surgieron vínculos con una millonaria deuda: Wilson Verdugo Díaz, empresario gastronómico y amigo cercano de la víctima, le debía al menos mil millones de pesos producto de préstamos informales durante la pandemia.
La evidencia fue clave: cámaras de seguridad muestran a Verdugo entregando un sobre con dinero en la conserjería del edificio de Reyes la mañana del crimen, y una llamada telefónica donde le avisaba sobre el encargo; minutos después, un grupo de sicarios venezolanos, contactados presuntamente a través de un intermediario ecuatoriano, perpetró el ataque. Tras semanas de indagación, la detención de Verdugo Díaz por personal del OS9 de Carabineros lo sindica como autor intelectual del homicidio, acusándosele de haber ofrecido hasta 30 millones de pesos por el asesinato. La fiscalía sostiene que el móvil fundamental fue la deuda impaga y la imposibilidad de afrontarla, aunque la familia de la víctima insiste en que Reyes era un comerciante, no un prestamista formal, y repudia la brutal traición de quien fuera considerado un amigo cercano.
En el caso hay otros tres implicados —los autores materiales— de nacionalidad venezolana, dos de ellos actualmente en prisión preventiva y uno prófugo tras haber sido liberado por error judicial. La justicia chilena mantiene a Wilson Verdugo en prisión preventiva por considerarlo un peligro para la sociedad y la investigación, en tanto la atención pública sigue atenta a los avances y posibles ramificaciones de un crimen que evidenció las peligrosas alianzas entre el mundo comercial y el crimen por encargo en el país.

