Reporte Político Semanal

Trump en Davos: disputa por Groenlandia y nueva “Junta de Paz”

En su discurso en Davos, Trump habló de la mejora económica de Estados Unidos —“milagro” de crecimiento, energía barata basada en hidrocarburos y control migratorio de las fronteras—  y profundizó el giro de seguridad hemisférica cuyo eje fue Groenlandia. La presentó como un punto ciego de la arquitectura atlántica: para él, el “Occidente” no puede sostenerse si Europa sigue pensando la defensa territorial en clave administrativa o comercial. En ese marco, sostuvo que la isla ocupa un lugar crítico entre EE. UU., Rusia y China, y que Washington es el único actor con capacidad real de “asegurarla”.

El argumento fue histórico y acusatorio: Trump evocó la Segunda Guerra Mundial —“Dinamarca cayó en seis horas”, dijo— para sostener que Copenhague no pudo defender ni su propio territorio, y que EE. UU. terminó montando bases y sosteniendo el control militar. Desde allí saltó a su tesis central: quiere negociaciones “inmediatas” para discutir la adquisición de la isla y afirmó que eso no amenazaría a la OTAN, sino que la reforzaría. En el mismo pasaje, remarcó que no usará la fuerza, pero insistió en que “lo único” que pide es Groenlandia.

La escena cambió al día siguiente en los márgenes del foro. Tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Trump difundió en Truth Social que había un acuerdo marco para Groenlandia/Ártico y, en consecuencia, retiró los aranceles adicionales que había anunciado como palanca: un 10% extra previsto para el 1 de febrero (con escalada posterior) sobre importaciones desde Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Países Bajos, Finlandia y el Reino Unido. El gesto descomprimió, por unas horas, la amenaza de una guerra comercial intraoccidental y reencuadró la crisis como negociación “técnica” más que ultimátum.

Pero la distensión fue parcial: Trump pasó rápidamente del “no usaré fuerza” a reivindicar “acceso total” y sin límite de tiempo para EE. UU., con detalles todavía opacos. Reuters reportó que el “framework” con Rutte sería, en los hechos, un marco para nuevas conversaciones entre EE. UU., Dinamarca y Groenlandia orientadas a actualizar el acuerdo de 1951 sobre presencia y acceso militar; Nuuk y Copenhague se muestran con cautela aunque con límites claros: se puede hablar de cooperación y seguridad ártica, pero “la soberanía es una línea roja” y la OTAN no negocia la propiedad del territorio. Este viernes, La OTAN y Dinamarca acordaron reforzar las seguridad en el Ártico.

Volviendo a su discurso en Davos—y como pieza del mismo relato de poder— Trump usó el caso de Venezuela para mostrar que EE. UU. puede imponer sus intereses y convertirlos en narrativa de energía y negocios: afirmó que “recogieron” 50 millones de barriles “de Venezuela”, que los “dividirán” con el país y que Caracas “hará más dinero en seis meses que en los últimos 20 años”, con “todas las grandes petroleras” entrando a operar con Washington. Inclusive elogió al gobierno venezolano por la nueva cooperación.

Esa demostración de capacidad coercitiva fue acompañada por otra arquitectura nueva: la “Board of Peace” (Junta de Paz, lanzada formalmente el 22 de enero), con Trump como chair, un esquema de mil millones de dólares para membresías permanentes y una nómina amplia de gobiernos que aceptaron la invitación (incluyendo Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Jordania, Qatar, Egipto, Turquía, Hungría, Marruecos, Pakistán, Indonesia, Kosovo, Uzbekistán, Kazajistán, Paraguay, Vietnam, Argentina, Paraguay, entre otros). Su diseño —percibido por varios diplomáticos como un atajo que puede tensionar el rol de la ONU— quedó además atravesado por la política doméstica aliada: Trump retiró la invitación a Canadá tras el discurso crítico de Carney en Davos.

En su discurso en Davos, Trump habló de la mejora económica de Estados Unidos —“milagro” de crecimiento, energía barata basada en hidrocarburos y control migratorio de las fronteras—  y profundizó el giro de seguridad hemisférica cuyo eje fue Groenlandia. La presentó como un punto ciego de la arquitectura atlántica: para él, el “Occidente” no puede …

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