Reporte Político Semanal

TRUMP EN PEKÍN: LA CUMBRE DE LA GRAN SALA DEL PUEBLO Y EL RETORNO DE LA DIPLOMACIA PERSONAL CON XI JINPING

El presidente Donald Trump realizó una visita de Estado a China del 13 al 15 de mayo, la primera de un mandatario estadounidense en casi nueve años y la segunda del propio Trump, quien ya había visitado Pekín en noviembre de 2017. La delegación fue una de las más influyentes en la historia de la diplomacia comercial estadounidense: junto a los secretarios de Estado Marco Rubio, Defensa Pete Hegseth y Tesoro Scott Bessent, viajaron Elon Musk, Tim Cook, Jensen Huang (Nvidia), Kelly Ortberg (Boeing), Larry Fink (BlackRock) y Jane Fraser (Citigroup), entre otros. La visita se había pospuesto desde abril por la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán, que Trump había prometido resolver «en cuestión de semanas» y que al momento de la cumbre permanece sin resolución definitiva.

El 14 de mayo, Trump fue recibido en la Gran Sala del Pueblo con una ceremonia de honor, himnos nacionales y niños agitando banderas de ambos países. Tras la reunión bilateral, los dos líderes visitaron juntos el Templo del Cielo, monumento del siglo XV. Trump lo llamó «Great place, incredible» y añadió “China is beautiful», convirtiéndose en el segundo presidente de EE.UU. en visitar el sitio en ejercicio del cargo, después de Gerald Ford en 1975. Esa noche, Xi Jinping organizó un banquete de Estado en el Salón Dorado de la Gran Sala del Pueblo. Al día siguiente, los mandatarios se reunieron para una sesión de trabajo con té y almuerzo en el complejo de Zhongnanhai, sede del liderazgo del Partido Comunista.

En el banquete de Estado, ambos líderes intercambiaron señales de marcada cordialidad. Trump se dirigió a Xi llamándolo «mi amigo» y afirmó: «Vamos a tener un futuro fantástico juntos. Tengo tanto respeto por China, por el trabajo que has hecho. Eres un gran líder». Por su parte, Xi sostuvo que el «gran rejuvenecimiento de la nación china» y el «Make America Great Again» pueden ir de la mano, y calificó la relación bilateral como «la más importante del mundo». En la apertura de las conversaciones había advertido que «el mundo entero está mirando nuestra reunión» y que la situación internacional es «fluida y turbulenta». Xi Jinping también llamó a los países a ser socios antes que rivales: «Los intereses comunes entre China y EE.UU. superan sus diferencias. La cooperación beneficia a ambas partes, mientras que la confrontación daña a ambas”.

En materia de resultados concretos, China acordó comprar 200 aviones de Boeing — primera compra china de aeronaves estadounidenses desde 2017, aunque inferior a las 500 que la industria esperaba — y el Departamento de Comercio aprobó la venta de chips NVIDIA H200 a empresas como Alibaba, Tencent, ByteDance y JD.com. Ambas partes también acordaron encuadrar su vínculo como una «relación constructiva de estabilidad estratégica». Sin embargo, Trump abandonó Pekín sin grandes acuerdos formales: calificó las negociaciones de «fantásticas» y dijo que «muchos problemas» habían quedado resueltos, pero no se firmaron documentos ni se anunciaron compromisos vinculantes antes de su partida.

La cumbre estuvo marcada por varias tensiones de fondo. La más relevante involucra a Taiwán: Xi Jinping advirtió a Trump que es el asunto «más importante» en la relación bilateral y que, si se maneja mal, ambos países podrían tener «enfrentamientos e incluso conflictos, poniendo toda la relación en gran peligro.» La tensión quedó expuesta en una asimetría reveladora: el comunicado oficial de la Casa Blanca no hizo ninguna mención a Taiwán, mientras que la versión china del mismo sí lo incluyó de forma explícita. Trump declaró al partir que discutió las ventas de armas a la isla «en gran detalle» pero que «lo último que necesitamos ahora mismo es una guerra a nueve mil 500 millas». Rubio aclaró que la posición estadounidense sobre Taiwán «no ha cambiado».
Sobre Irán, ambas partes acordaron que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto al flujo energético global y que Irán no debe obtener armas nucleares, aunque Trump regresó sin compromisos concretos de mediación china y sin definir si levantará las sanciones a empresas chinas que compran petróleo iraní. Dos polémicas adicionales enmarcaron la visita: Rubio viajó a Pekín estando bajo sanciones chinas vigentes, en apariencia la primera vez que ocurre con un secretario de Estado de EE.UU. Y Trump planteó ante Xi Jinping el caso de Jimmy Lai, el empresario prodemocracia de Hong Kong condenado a 20 años de prisión, ante lo cual Xi habría respondido — según el propio Trump — que sería «una decisión difícil» para él. La cumbre deja un balance de gestos cálidos y diferencias estructurales intactas: la relación bilateral sigue siendo «superficial y frágil», con los conflictos sobre Taiwán, tierras raras, tecnología e Irán sin resolución de fondo.

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