Virazón electoral: cambio de vientos y ola libertaria en Argentina

Ilustración: Traza Continental

Los navegantes del Río de la Plata conocen muy bien el fenómeno meteorológico de la virazón, también conocido como “brisa de mar”. El término, de origen náutico, describe un cambio de viento repentino, una inversión de su dirección que suele darse entre la media mañana y primeras horas de la tarde, y que hace que este gire bruscamente y comience a soplar del río (o del mar) hacia la costa. La virazón, además, trae consigo un alivio térmico y una nueva fuerza impulsora en la navegación, reorientando la proa y rompiendo con el derrotero previo. 

La imagen sirve para ilustrar la inestabilidad y el cambio sorpresivo del clima político tras las elecciones parlamentarias de medio término que tuvieron lugar el domingo pasado en Argentina, en las que se renovó la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado de la Nación, y que volvieron a señalar las condiciones inestables de una meteorología política persistentemente esquiva a dejarse atrapar por los pronósticos. 

Contra todas las previsiones –que iban desde una victoria libertaria por 2 puntos a un triunfo peronista por 6 puntos–, La Libertad Avanza terminó alzándose con una victoria a nivel nacional del 40,8 por ciento frente al 34,7 del peronismo, una diferencia de 6 puntos, y en la provincia de Buenos Aires, el principal distrito del país que representa cerca del 37 por ciento del padrón electoral, logró imponerse de manera ajustada pero muy significativa con 41,45 por ciento de los votos frente al 40,8 obtenido por Fuerza Patria (peronismo). 

Contra todas las previsiones –que iban desde una victoria libertaria por 2 puntos a un triunfo peronista por 6 puntos–, La Libertad Avanza terminó alzándose con una victoria a nivel nacional del 40,8 por ciento frente al 34,7 del peronismo. 

El repunte del voto libertario el domingo pasado en la provincia de Buenos Aires frente a los números de las elecciones de septiembre, alcanzó, como veremos luego, cotas decisivas para producir a nivel nacional lo que se ha dado en denominar “marea violeta”, por el color que identifica a La Libertad Avanza, y reposicionar al gobierno de Javier Milei como ganador, con capacidad de volver a dominar la agenda política y dar garantías a sus aliados en Washington.

Un cambio de vientos similar había ocurrido en las elecciones parlamentarias provinciales del pasado 7 de septiembre, por primera vez desacopladas de las nacionales. Solo que en aquel caso los beneficios de la virazón habían sido para la nave insignia del peronismo, esto es, el peronismo de la provincia de Buenos Aires, con su gobernador Axel Kicillof al timón.

Aquellos comicios provinciales de medio término, que tuvieron lugar menos de dos meses antes de estos últimos, de carácter nacional, y representaron un batacazo peronista y una contundente derrota libertaria, también habían desafiado todos los pronósticos. No es que se esperara entonces una victoria de la derecha libertaria en un bastión del peronismo como lo ha sido históricamente la provincia de Buenos Aires, pero nadie pudo prever la magnitud de la victoria de Fuerza Patria que aventajó a La Libertad Avanza por más de 13 puntos. 

Un cambio de vientos similar había ocurrido en las elecciones parlamentarias provinciales del pasado 7 de septiembre, por primera vez desacopladas de las nacionales.

UN RESULTADO IMPREVISTO

El resultado inesperado y hostil que significó para el oficialismo nacional aquella coyuntura electoral profundizó el escenario de crisis política en que ya se hallaba sumido tras haberse conocido el resonante caso de corrupción de las “coimas” dirigidas a la hermana del presidente Javier Milei, al tiempo que señaló para el peronismo un momento de renovación de sus horizontes, un camino de solución a su crisis interna de liderazgo y una resurrección de la fe en sus capacidades de volver a convertirse en alternativa política nacional. 

Con esos números adversos como precedente electoral, más un panorama económico marcado por la fragilidad financiera, un consumo deprimido por la caída del poder de compra de la población y el estancamiento e inminencia de una recesión como telón de fondo, todos los pronósticos anunciaban para octubre una confirmación de los resultados de septiembre en la provincia de Buenos Aires, ligeramente recortada, a lo sumo, la contundente diferencia a favor del peronismo alcanzada en septiembre, y una disputa reñida entre Fuerza Patria y La Libertad Avanza a nivel nacional. 

Como si todo eso no bastara para presagiar el peor de los escenarios para el gobierno libertario, a comienzos de octubre, a tan solo tres semanas de las elecciones, su candidato cabeza de lista a diputados nacionales, José Luis Espert, se vio forzado a renunciar tras revelarse sus vínculos financieros con Fred Machado, un empresario argentino requerido por la justicia estadounidense por narcotráfico. 

Una semana antes de los comicios, los sondeos vaticinaban una extrema paridad entre ambas fuerzas a nivel nacional, con porcentajes cercanos al 35 por ciento y una clara ventaja para el peronismo en la provincia de Buenos Aires, oscilando en el orden de los 6 a los 12 puntos de diferencia. Sin embargo, a 24 horas de la jornada electoral, dos consultoras publicaban una actualización de las tendencias. Management & Fit anunciaba que el oficialismo obtendría una ventaja de 5 puntos a nivel nacional y Comunicaciones Sudamericanas alertaba acerca de un achicamiento de la ventaja peronista en la provincia de Buenos Aires. Nadie alcanzó a ver la magnitud de la recuperación del voto libertario en este distrito clave —mucho menos su victoria— ni la diferencia de 6 puntos para La Libertad Avanza a nivel nacional.

Una semana antes de los comicios, los sondeos vaticinaban una extrema paridad entre ambas fuerzas a nivel nacional, con porcentajes cercanos al 35 por ciento y una clara ventaja para el peronismo en la provincia de Buenos Aires.

LAS FUERZAS EN JUEGO

Además de las dos fuerzas principales que concentraron el protagonismo en una contienda extremadamente polarizada —el oficialismo de La Libertad Avanza, que compitió en la mayoría de los distritos en alianza con dirigentes del PRO del expresidente Mauricio Macri y otros partidos menores, y el principal bloque de oposición representado por Fuerza Patria, que reúne a casi todo el vasto campo del peronismo, incluido el kirchnerismo, así como a aliados provinciales—, estas elecciones contaron con la participación de fuerzas que, en el escenario que se abre con la renovación de la composición de las cámaras, están llamadas a desempeñar un rol clave en la futura gobernabilidad del proyecto libertario.

Es el caso, particularmente, de Provincias Unidas, un espacio heterogéneo conformado principalmente por expresiones de poder territorial y distintos sectores políticos de centro, incluyendo el peronismo no kirchnerista de Hacemos Unidos por Córdoba (liderado por el exgobernador Juan Schiaretti), la Unión Cívica Radical de la provincia de Santa Fe (encabezada por el gobernador Maximiliano Pullaro), Primero los Salteños (del gobernador Gustavo Sáenz) y La Neuquinidad (del gobernador Rolando Figueroa), junto con otros partidos de carácter provincial. 

Si bien en el plano nacional este polo que quiso terciar en medio de la extrema polarización obtuvo resultados magros, muy lejos de su aspiración a constituirse en alternativa, logró en sus distritos de origen un lugar gravitante, asegurándose un caudal de bancas que le otorgan un lugar relevante a la hora de negociar acuerdos.

Además de las dos fuerzas principales que concentraron el protagonismo en una contienda extremadamente polarizada (…) estas elecciones contaron con la participación de fuerzas que, en el escenario que se abre con la renovación de la composición de las cámaras, están llamadas a desempeñar un rol clave en la futura gobernabilidad del proyecto libertario. 

Junto a Provincias Unidas, un papel igualmente estratégico está reservado a la Unión Cívica Radical (UCR) en su conjunto. Aunque parte de la UCR se integró a Provincias Unidas para las legislativas nacionales (como el caso de Santa Fe), una porción significativa del partido compitió en alianzas distritales o como fuerza autónoma, manteniendo un bloque propio en el Congreso. Compuesto por legisladores que responden a los gobernadores provinciales y a diversos liderazgos internos, el tradicional espacio del radicalismo constituye otro frente de negociación fundamental para la agenda del gobierno nacional. Dada su histórica presencia en ambas Cámaras, la UCR se vuelve indispensable para cualquier fuerza que aspire a alcanzar el quórum o las mayorías especiales.

Finalmente, cerrando el abanico de las fuerzas que compitieron, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad logró retener su débil representación parlamentaria, lo que le permite mantener una voz confrontativa en el Congreso frente a la agenda de reformas y ajuste del oficialismo.

RESULTADOS GENERALES

En unas elecciones que se esperaban más reñidas, el oficialismo libertario logró imponerse al peronismo y aliados, como vimos, por una diferencia de 6 puntos (40,8 frente a 34,7 por ciento). La Libertad Avanza se alzó con el triunfo en 15 de las 24 provincias argentinas. Entre ellas, las que resultan más determinantes por su caudal electoral, los cinco distritos más poblados del país que juntos representan cerca del 60 por ciento del universo de electores: las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, y la capital nacional, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. También ganó en las provincias de Salta, Jujuy, Chaco, Entre Ríos, San Luis, Chubut, Misiones, Neuquén, Río Negro y Tierra del Fuego. 

En unas elecciones que se esperaban más reñidas, el oficialismo libertario logró imponerse al peronismo y aliados (…) La Libertad Avanza se alzó con el triunfo en 15 de las 24 provincias argentinas.

Por su parte, el peronismo obtuvo la victoria en las provincias de Formosa, Tucumán, Catamarca, San Juan, La Rioja, Santiago del Estero, La Pampa y Santa Cruz, mientras que Provincias Unidas se impuso únicamente en la provincia de Corrientes.

Se trata de la segunda vez en veinte años que un oficialismo se impone en elecciones de medio término: la anterior ocurrió en 2017, durante la presidencia de Mauricio Macri, dos años antes de la frustración de sus aspiraciones reeleccionistas a manos del peronismo.

Si miramos estos resultados en perspectiva, podemos concluir que el caudal electoral del peronismo en elecciones de medio término ha mantenido una relativa estabilidad, moviéndose en un rango que ha oscilado entre el 31 y el 37 por ciento. Estos son los números absolutos y porcentajes obtenidos por las distintas denominaciones de los frentes electorales correspondientes al espacio desde las elecciones que tuvieron lugar al promediar el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner hasta estas últimas del domingo pasado: 31,2 por ciento (7 millones 288 mil votos) en 2009; 33,1 (7 millones 425 mil votos) en 2013; 37,1 (9 millones 135 mil votos) en 2017, cuando era oposición y resultó vencido por el oficialismo de Macri; 33,7 (7 millones 980 mil votos) en 2021; y 34,7 (7 millones 742 mil votos) en estos últimos comicios de 2025.

El polo antiperonista, en cambio, presenta una trayectoria marcada por la fragmentación inicial y la posterior condensación en un escenario de extrema polarización. Con anterioridad a hace unos diez años, no había una representación consistente y unificada que expresara ese voto. Por ejemplo, en 2009, el caudal opositor se distribuyó entre fuerzas que sumaron 8 millones 115 mil votos (aproximadamente 34,7 por ciento), y en 2013, el voto opositor repartido entre dos fuerzas principalmente logró una victoria simbólica sumando cerca de 10 millones 923 mil votos (una cifra cercana al 48,5 por ciento).

El escenario de extrema polarización y la representación inequívoca de ese electorado se manifiesta con claridad a partir de 2015 y con mucha consistencia en las legislativas de 2017, bajo el liderazgo de Mauricio Macri, hoy aliado de gobierno libertario. Así, la coalición Cambiemos condensó el voto antiperonista en 2017, alcanzando 10 millones 261 mil votos (37,8 %) y la victoria siendo oficialismo. En 2021, ya en la oposición, Juntos por el Cambio obtuvo 9 millones 900 mil votos (41,8 %), una proporción levemente superior pese a haber reunido menos votos absolutos, en un contexto de menor participación electoral. En los últimos dos años hemos visto cómo este electorado se ha desplazado hacia La Libertad Avanza de Javier Milei, cuyo más reciente porcentaje de 40,8 por ciento (9 millones 342 mil votos) se inscribe en el orden de magnitud tradicionalmente correspondiente al polo antiperonista, que ha resultado exitosamente capturado por el oficialismo libertario. 

Es importante tener en cuenta que esta dinámica electoral tiene lugar en un contexto de tendencia a la baja de la participación electoral y aumento del ausentismo que ha ido desde el 22 por ciento en 2009; pasando por el 22,4 por ciento en 2013 y 2017; el 28,3% por ciento en 2021; hasta alcanzar el máximo en estas elecciones con el 32,1% por ciento.

PROVINCIA DE BUENOS AIRES

La provincia de Buenos Aires, que, dado su peso demográfico, suele ser descrita como “la madre de todas las batallas”, resultó crucial para el triunfo nacional de La Libertad Avanza, además del valor simbólico de haber logrado dar vuelta, aunque sea por menos de un punto de diferencia, la elección del mes pasado en la que había sufrido una derrota por más de 13 puntos frente al peronismo. 

Contra todo pronóstico, la lista encabezada por Diego Santilli, que tuvo que reemplazar a la figura del sospechado y renunciado José Luis Espert tras el narcoescándalo que lo tuvo de protagonista, se alzó con una ajustadísima victoria del 41,5 por ciento de los votos, superando a la lista de Fuerza Patria, liderada por el excanciller Jorge Taiana, que alcanzó el 40,9.

Para comprender el nivel de sorpresa que causó este resultado, es necesario tener presente el antecedente del 7 de septiembre, cuando en las elecciones de medio término de carácter provincial (en la que se renovó la Legislatura de la provincia de Buenos Aires así como los cuerpos deliberativos de los municipios bonaerenses), por primera vez —como parte de una estrategia encabezada por el gobernador Axel Kicillof— desdoblada de los comicios nacionales, Fuerza Patria se había impuesto con el 47,3 por ciento frente al 33,7 de La Libertad Avanza.

Para comprender el nivel de sorpresa que causó este resultado, es necesario tener presente el antecedente del 7 de septiembre, cuando en las elecciones de medio término de carácter provincial (…) Fuerza Patria se había impuesto con el 47,3 por ciento frente al 33,7 de La Libertad Avanza.

En esa ocasión, la participación electoral en la provincia de Buenos Aires había sido del 60,9 por ciento: de un padrón de 14 millones 476 mil 592 personas habilitadas para votar, 8 millones 766 mil 846 lo hicieron, mientras que 5 millones 609 mil 746 se abstuvieron de acudir a los comicios.

En la elección nacional del 26 de octubre, el nivel de participación ascendió al 68,19 por ciento, con 9 millones 013 mil 159 votantes sobre un total de 13 millones 216 mil 225 electores habilitados, lo que implica que fueron 4 millones 203 mil 066 los bonaerenses que no concurrieron a las urnas en esta última elección. Esta mayor movilización de votantes benefició al oficialismo nacional, que logró remontar su porcentaje de votación con respecto a la elección bonaerense de septiembre hasta superar por pocas décimas al oficialismo provincial.

En cuanto a los votos absolutos, el triunfo de La Libertad Avanza en octubre se logró con 3 millones 605 mil votos, lo que significó un aumento de 881 mil votos en comparación con los 2 millones 724 mil votos que había obtenido en la elección provincial de septiembre. Por su parte, la fuerza peronista (Fuerza Patria), si bien ganó en septiembre con 3 millones 820 mil votos, vio una reducción de 262 mil votos en octubre, alcanzando los 3 millones 558 mil votos.

Este vuelco se resume en la brecha porcentual: la derrota de LLA por 13,51 puntos en septiembre se transformó en una victoria por 0,54 puntos en octubre.

Pese a la muy ajustada derrota, el desempeño de Fuerza Patria en la provincia de Buenos Aires en las elecciones del domingo 26 de octubre representa el mejor resultado porcentual que el peronismo haya obtenido en una elección legislativa nacional de medio término en territorio provincial en los últimos veinte años. Este resultado supera su mejor marca anterior de 38,6 por ciento (en 2021) y también los porcentajes obtenidos en 2017 (36,2 por ciento), así como en 2013 y 2009 (apenas por encima del 32 por ciento).

Para encontrar un porcentaje semejante, hay que remontarse a 2005, cuando el Frente para la Victoria alcanzó cerca del 46 por ciento, al promediar el mandato de Néstor Kirchner. Desde entonces, el peronismo no volvió a ganar una elección nacional de medio término en la provincia de Buenos Aires.

CÓRDOBA

No solo la victoria libertaria en la provincia de Buenos Aires causó sorpresa. Tampoco estaba en ninguna de las previsiones la holgada ventaja obtenida por La Libertad Avanza en la provincia de Córdoba, segundo distrito del país en cuanto a peso electoral, con un 8,7 por ciento del padrón nacional, donde se esperaba o bien un triunfo ajustado sobre Provincias Unidas, el espacio encabezado por una figura gravitante en la provincia como el exgobernador Juan Schiaretti (peronismo cordobés no kirchnerista) o una paridad entre ambas fuerzas. Pero La Libertad Avanza alcanzó un aplastante 42,35 por ciento frente al 28,32 de Provincias Unidas. Por su parte, Fuerza Patria (el peronismo nacional) quedó relegada al tercer puesto con un 18,9 por ciento de los votos.

Tampoco estaba en ninguna de las previsiones la holgada ventaja obtenida por La Libertad Avanza en la provincia de Córdoba, segundo distrito del país en cuanto a peso electoral. 

Hay que mencionar que la diputada Natalia de la Sota, hija de un histórico caudillo provincial del peronismo, logró retener su banca en el Congreso. Su lista compitió de manera independiente de Provincias Unidas y obtuvo un 8,75% de los votos provinciales, lo que le permitió conseguir la única banca de su espacio, y su decisión, tomada antes de los comicios, de conformar el monobloque Defendamos Córdoba —marcando distancia del schiarettismo— adquiere, tras los resultados de octubre, una proyección distinta: podría anticipar un acercamiento con el peronismo nacional. 

SANTA FE

Otra gran sorpresa estuvo dada por el desempeño libertario en la provincia de Santa Fe, el tercer distrito en importancia, que representa alrededor del 8 por ciento de los electores a nivel nacional. Allí, donde las encuestas anticipaban un triple empate entre libertarios, peronistas y Provincias Unidas, también La Libertad Avanza dio un batacazo, encabezando las preferencias con el 40,67 por ciento, seguida por Fuerza Patria, con el 28,7 y la pretendida “tercera vía” nacional pero oficialismo provincial (Provincias Unidas contó con el fuerte respaldo del gobernador radical Maximiliano Pullaro) con el 18,32 por ciento.

La Libertad Avanza dio un batacazo, encabezando las preferencias con el 40,67 por ciento, seguida por Fuerza Patria, con el 28,7 y la pretendida “tercera vía” nacional pero oficialismo provincial.

CABA

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), la cuarta demarcación en peso electoral, no fue sorpresa la victoria libertaria, pero sí lo fue la magnitud de la diferencia observada. 

En la capital de la república, con alrededor del 7 por ciento del padrón nacional, La Libertad Avanza consolidó su dominio. El contraste entre los comicios locales que tuvieron lugar en el mes de mayo y los recientes nacionales es clave. En aquella ocasión, la derecha libertaria había quedado en primer lugar con el 30,1 por ciento, Fuerza Patria se había ubicado muy cerca con el 27,4 y el espacio político que había sido oficialismo en la Ciudad durante dos décadas (el PRO y sus aliados) se había presentado fragmentado: un sector, el más ligado al PRO de Mauricio Macri, había alcanzado el 15,9 por ciento, mientras que la lista del ex jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta se había quedado con apenas un 8,1.

Este escenario se magnificó en la elección nacional de octubre. La Libertad Avanza logró imponerse con el 47,3 por ciento de los votos, en un escenario mucho más polarizado, mientras que Fuerza Patria consiguió el 26,9 por ciento, quedando en segundo lugar. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores se ubicó en tercer lugar, logrando un caudal significativo del 9,1 por ciento de los votos. Por su parte, la fuerza reagrupada del antiguo oficialismo porteño que no adhirió a La Libertad Avanza (Ciudadanos Unidos) quedó relegada al cuarto lugar con el 6 por ciento, evidenciando una fuga masiva de votos y dirigentes del PRO hacia la boleta libertaria.

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores se ubicó en tercer lugar, logrando un caudal significativo del 9,1 por ciento de los votos.

MENDOZA

En Mendoza, con un peso del 4 por ciento del electorado, La Libertad Avanza logró un triunfo arrollador, superando las proyecciones más optimistas, logrando pasar la barrera del 50 por ciento de los votos. 

Los resultados en territorio mendocino fueron los siguientes: el primer lugar correspondió a La Libertad Avanza que se impuso con el 53,8 por ciento de los sufragios; en segundo lugar se ubicó Fuerza Patria con el 23,9. El oficialismo provincial (Provincias Unidas) quedó en un lejano tercer lugar con el 11,8 por ciento, evidenciando también la fuerte transferencia de votos hacia La Libertad Avanza. Finalmente, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores se ubicó en cuarto lugar, logrando un caudal del 7,8 por ciento de los votos.

CONGRESO

¿Qué consecuencias tienen estos resultados, además de devolverle oxígeno, optimismo e iniciativa al gobierno de Javier Milei? ¿Qué lectura podemos hacer de los mismos, más allá del evidente y repentino cambio de clima político con el que el presidente libertario afronta la segunda mitad de su mandato? Miremos un factor clave: la composición del Congreso y la gobernabilidad. En este primer tramo de su gobierno, La Libertad Avanza operó desde una posición de extrema debilidad numérica, con solo 37 diputados iniciales y 6 senadores (sobre un total de 257 y 72 respectivamente), lo que la obligó a depender permanentemente de la alianza estable con el PRO (el partido del expresidente Mauricio Macri) y de acuerdos volátiles con sectores del radicalismo y bloques provinciales.

En el nuevo escenario, La Libertad Avanza triplica su representación en el Senado, con 20 miembros (26 si sumamos los senadores del PRO) y suma en total 93 diputados, superando el tercio necesario para blindar vetos presidenciales y alcanzando una nueva posición de fuerza para negociar con la “oposición dialoguista” y las fuerzas que responden a gobernadores provinciales. Si bien el peronismo se mantiene como el bloque individual más grande en Diputados, con un número de 97 miembros, La Libertad Avanza junto con el PRO y aliados menores lo superaría conformando un interbloque gubernamental de 107 miembros, estableciéndose así como la primera minoría parlamentaria. Los respaldos al gobierno libertario en el Legislativo podrían incluso alcanzar un número más elevado, de hasta 113 diputados, si consideramos aliados menores y pequeños bloques provinciales afines. 

La Libertad Avanza triplica su representación en el Senado, con 20 miembros (26 si sumamos los senadores del PRO) y suma en total 93 diputados.

Esta nueva conformación de las cámaras legislativas abre un nuevo campo de posibilidades para el oficialismo nacional, fundamentalmente en torno a la viabilidad de su agenda de reformas pendientes, que antes de los resultados del domingo se consideraban muy difícil de concretar: la reforma laboral, la reforma previsional, la reforma fiscal y la privatización de empresas públicas.

El gobierno no cuenta con quórum propio, por lo que se verá obligado a negociar y alcanzar acuerdos con fuerzas de la “oposición dialoguista”. Sin embargo, el tercio conquistado le permitirá avanzar con Decretos de Necesidad y Urgencia (los DNU) y vetar leyes que no sean de su agrado.

Para alcanzar la mayoría absoluta, el interbloque oficialista conformado por La Libertad Avanza y el PRO, junto a sus aliados, requerirá sumar apoyos de otros espacios políticos en la Cámara Baja hasta alcanzar los 129 diputados. Con tal propósito, deberá negociar con los bloques provinciales y con representantes de la Unión Cívica Radical alineados con los gobernadores. 

SENADO

Si miramos la composición del nuevo Senado, los bloques principales se repartirán las bancas de la siguiente manera: 28 bancas corresponderían a Fuerza Patria mientras que 26 serían ocupadas por La Libertad Avanza (20) más el PRO (6). El resto de las bancas sería para la Unión Cívica Radical (9), fuerzas provinciales (6) y Provincias Unidas (3). Para alcanzar el quórum (37 votos), el interbloque oficialista requeriría sumar unos 11 senadores adicionales, que debería reclutar entre los senadores radicales y los integrantes de bloques provinciales. Dado que el voto de la totalidad de estos senadores está fuertemente condicionado por los gobernadores de sus respectivas provincias, el gobierno nacional deberá negociar con estos mandatarios para poder avanzar con su agenda legislativa.

En síntesis, los resultados del domingo 26 de octubre no solo ratifican el rumbo político del gobierno de Javier Milei sino que le otorgan las herramientas mínimas al superar el tercio de la representación parlamentaria que le permite neutralizar iniciativas de la oposición blindando los vetos presidenciales y evitando que estos sean revertidos por el Congreso.

ALGUNAS HIPÓTESIS Y CONCLUSIONES PRELIMINARES

El contundente triunfo de La Libertad Avanza contradijo todos los pronósticos. El resultado, que convirtió una expectativa de elección cerrada a nivel nacional en una victoria contundente, no fue anticipado ni por la propia Casa Rosada, que mucho menos esperaba ganar en la provincia de Buenos Aires, donde el peronismo venía de imponerse por más de 13 puntos de diferencia en las elecciones de medio término de carácter provincial hacía menos de dos meses.

Desde la perspectiva del peronismo, si se analizan las tres últimas instancias electorales de medio término en la Provincia de Buenos Aires —la de este año, desdoblada por primera vez en comicios provinciales y nacionales— y se contrasta el número de votos recibidos con el universo total de personas habilitadas para votar (esto es, con el padrón correspondiente al distrito) para cada elección, se puede concluir que su caudal electoral se ha conservado, consolidando un voto duro peronista que se muestra básicamente estable a lo largo del tiempo, ubicándose en el orden del 26-27 por ciento (con relación a la totalidad del padrón provincial) y porcentajes sobre votos emitidos que han oscilado entre el 36 y el 40 por ciento. En el conjunto del país, siempre contrastando el número de votos obtenidos con el universo total de electores, este rasgo se replica: la estabilidad del voto duro aparece en un rango ligeramente inferior: entre el 22 y el 25 por ciento, lo que ha representado unos valores sobre el total de votos emitidos de alrededor del 35 por ciento.

Una tendencia que se viene verificando en los últimos procesos electorales es el descenso en los niveles de participación. Las elecciones del domingo 26 de octubre representaron el punto más bajo a nivel nacional desde la restauración democrática de 1983, alcanzando un 67,85 por ciento. Para la provincia de Buenos Aires, la cifra fue similar: 68,19 por ciento, aunque un valor significativamente superior al alcanzado en las elecciones provinciales de medio término de septiembre que fue de 60,9 por ciento.

Una tendencia que se viene verificando en los últimos procesos electorales es el descenso en los niveles de participación. Las elecciones del domingo 26 de octubre representaron el punto más bajo a nivel nacional desde la restauración democrática de 1983.

Diversas explicaciones se han vertido estos días para dar cuenta de la sorpresiva “marea violeta”: desde el efecto del miedo al caos económico que podría haber resultado de una derrota oficialista y la intervención financiera y simbólica del respaldo recibido de parte del gobierno de Donald Trump, hasta la solidez del apoyo al gobierno acrecentado en el contexto de la intensa polarización del electorado en los días previos a la elección. Algunos analistas subrayan que la combinación de inestabilidad cambiaria, rumores de crisis y mensajes de alarma operó como catalizador de una “corrida hacia la estabilidad”, que benefició al oficialismo libertario. 


Otros destacan el peso de un elevado segmento de votantes que aún evalúan positivamente la gestión presidencial, donde conviven la expectativa de mejora y el temor al retorno del peronismo, cuyo último gobierno encabezado por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner fue decepcionante, por decir lo menos. También se mencionan, como claves para entender el subregistro de las inclinaciones preelectorales hacia la derecha libertaria factores como el llamado voto vergonzante. El retroceso de las terceras fuerzas y la efectividad de una campaña polarizadora, que convirtió la elección en un plebiscito sobre Javier Milei, también se mencionan como elementos de peso. Todas estas hipótesis, y otras que seguramente irán sumándose, configuran una lectura multifactorial de un resultado que, por su magnitud e imprevisibilidad, sorprendió incluso a los principales actores políticos, analistas y consultores, pero que es una realidad fehaciente.

Ilustración: Traza Continental Los navegantes del Río de la Plata conocen muy bien el fenómeno meteorológico de la virazón, también conocido como “brisa de mar”. El término, de origen náutico, describe un cambio de viento repentino, una inversión de su dirección que suele darse entre la media mañana y primeras horas de la tarde, y …

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