LOS DOMINIONISTAS CREEN QUE, POR SER HIJOS DE DIOS, TIENEN EL DERECHO DIVINO DE ACCEDER AL PODER

Conversación con Leopoldo Cervantes-Ortiz

(PARTE I)

Leopoldo Cervantes-Ortiz es uno de los teólogos y pensadores protestantes más importantes de México y de América Latina. Durante más de 30 años ha dedicado su trabajo al estudio del protestantismo tanto en su dimensión religiosa como en sus vertientes sociales, éticas, políticas y culturales. Médico por el Instituto Politécnico Nacional, licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México y maestro en Teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, Leopoldo fue miembro de la Comisión de Formación Ecuménica del Consejo Mundial de Iglesias y es autor de más de una veintena de libros de historia, teología y poesía.

En Traza Continental conversamos con el también editor y pastor presbiteriano sobre la influencia de los movimientos evangélicos y neopentecostales en la política latinoamericana, su historia, sus doctrinas y su creciente derechización en el terreno ideológico. En la segunda parte de la conversación hablaremos sobre el nacionalismo cristiano y sobre la necesidad de construir una teología política esperanzada y humanista que recupere lo mejor de la ética protestante.

Fotografía: Leopoldo Cervantes-Ortiz, archivo personal.

Traza Continental. En las últimas cuatro décadas los sectores evangélicos y pentecostales han tenido un crecimiento significativo en América Latina y han recuperado centralidad política en los Estados Unidos. Muchas veces desde la academia o el periodismo se habla de sectores evangélicospara referirse a todo el arco no-católico como si fueran una misma cosa, a veces incluyendo en estas categorías a las iglesias con una tradición más cercana a la Reforma protestante del siglo XVI, obviando la pluralidad que existe en estos grupos y leyéndolos como un cuerpo homogéneo. Para comenzar esta conversación, ¿podrías explicarnos cuál es la diferencia entre los sectores evangélicos y los pentecostales, y los sectores más tradicionales  y cles serían sus principales diferencias, pero también cuáles son los puntos doctrinales que permiten que todavía se los pueda leer desde fuera como un todo?

Leopoldo Cervantes-Ortiz. Creo que hay una mezcla bastante complicada, muchas imbricaciones históricas y culturales que hacen que cueste trabajo distinguir las distintas expresiones. Pero haré un esfuerzo por responder de manera sintética a la pregunta ahondando en las diferencias. De inicio lo que hay que decir es que evangélicos y protestantes definitivamente no son la misma cosa. Los llamados evangélicos serían el sector religioso con más afinidad hacia las expresiones estadounidenses, que se derivan de las misiones que llegaron a América Latina desde la segunda mitad y hacia finales del siglo XIX y buena parte del XX, por lo menos hasta los años 60. Estamos hablando de por lo menos noventa años de historia.

Evangélicos y protestantes definitivamente no son la misma cosa. Los llamados evangélicos serían el sector religioso con más afinidad hacia las expresiones estadounidenses, que se derivan de las misiones que llegaron a América Latina.

Los evangélicos están más ligados a esa herencia misionera estadounidense del siglo XIX, porque incluso esas iglesias que llegaron a América Latina y a México en particular –que en su origen eran iglesias más cercanas al protestantismo histórico– se hicieron demasiado al esquema de lo evangelical estadounidense. El concepto mismo de “denominación” que se usa para diferenciar a las distintas corrientes evangélicas es estadounidense, a diferencia de lo que en Europa sería la “confesión”, que era la categoría que se usaba en el viejo continente para distinguir a los grandes bloques de tradición teológica protestante: el luteranismo, el calvinismo, el anglicanismo e incluso a los reformistas radicales. Pero ya en Estados Unidos –y luego en el traslado a América Latina– el evangelicalismo arraigó muchísimo y se le comenzó a llamar a los distintos grupos “denominaciones”, para agruparlos en torno a lo “evangélico”. Lo que no quiere decir que las iglesias más históricas no tengan también una presencia importante en la región.

Cuando hablamos de América Latina, en Sudamérica particularmente –Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, que tiene sus particularidades también– es importante destacar que, por la distancia geográfica con Estados Unidos, al inicio el evangelicalismo no tuvo tanto impacto, llegó mucho tiempo después. Las iglesias de tradición valdense (originarias de Italia, que deben su nombre a su precursor Pedro Valdo) en el Río de la Plata, por ejemplo, han sido muy críticas del trabajo misionero estadounidense y anglosajón, incluyendo la labor de los ingleses y los escoceses, a pesar de que a inicios del siglo XIX llegaron iglesias como la Iglesia Presbiteriana San Andrés, que está en Argentina, que es de origen escocés y más cercana a las expresiones históricas del protestantismo. El grueso de estas primeras expresiones protestantes en Sudamérica tuvo más influencia europea por factores geográficos, ideológicos y culturales, lo que las mantuvo lejos de la influencia estadounidense y es algo que les ha permitido distinguirse doblemente del evangelicalismo.

La geografía les ayudó –no como a nosotros en México– y su ideología se forjó a partir de la persecución que vivieron en Europa, particularmente en Francia e Italia. Y son sobre todo los migrantes italianos los que vienen a Argentina y a Uruguay. Menciono esto porque ayuda mucho observar la historia y el desarrollo de este tipo de iglesias protestantes, de tradición reformada, para hacer las distinciones con más claridad entre protestantes y evangélicos.

Entonces protestantismo y evangelicalismo no son lo mismo. El protestantismo está más ligado a las iglesias de una tradición teológica más consolidada, más sólida que, como mencionaban ustedes, traza unas líneas de procedencia con la herencia reformada, de confesiones europeas que se trasplantaron a América. De hecho, eran llamadas así: iglesias de trasplante. Así se les llamaba a las iglesias valdenses o a las iglesias luteranas en Brasil por su carácter migrante. Incluso en Uruguay y en Argentina todavía se puede distinguir a los valdenses por los apellidos mayormente italianos de sus miembros. Y estas iglesias siguen siendo bastante cerradas, aunque ya se han integrado bastante a las sociedades sudamericanas; sin embargo, ya son iglesias pequeñas. Entonces todo esto ayuda mucho, como decíamos, a entender las diferencias entre evangélico y protestante, incluso a los valdenses cuando se les llama evangélicos –porque el nombre oficial de la iglesia es así: Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata– hay que tener en cuenta su historia y sus posturas teológicas, que están más ligadas a la herencia de la Reforma, en particular a la herencia calvinista.

El protestantismo está más ligado a las iglesias de una tradición teológica más consolidada, más sólida que, como mencionaban ustedes, traza unas líneas de procedencia con la herencia reformada.

Ahora, la tercera expresión en discordia sería el pentecostalismo, con sus derivaciones. La diferencia entre los sectores pentecostales y estas otras iglesias (protestantes tradicionales y evangélicas) es que el pentecostalismo también viene de Estados Unidos, pero se inculturó en los sectores más pobres, en las clases populares, y progresivamente, según creció la escolaridad de la militancia, fue penetrando en otras clases sociales y empezó a cambiar. Las iglesias pentecostales estaban muy relacionadas con esa franja poblacional marginada. Pero el pentecostalismo evolucionó sociológicamente –no se hizo mejor, simplemente evolucionó, se transformó en otra cosa– y ahí surge el neopentecostalismo, que ahora ya no solamente tiene influencia en los sectores marginados, sino que es interclasista. Sólo hay que ver las grandes transnacionales eclesiásticas colombianas, peruanas, que están en varios países y que ya ni siquiera se hacen llamar “iglesia”. Tienen nombres como “centro comunitario”, “centro cristiano”, centro esto y aquello, contando con una nomenclatura variadísima.

Entre las iglesias del primer pentecostalismo –el más antiguo tanto en México como en América Latina– están la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, las Asambleas de Dios, por ejemplo, o las Iglesias de Dios, que todavía están cercanas a sus orígenes. Después tenemos a las iglesias que surgieron del seno de quienes migraron a Estados Unidos ya en el siglo XX. Estos migrantes se convierten al pentecostalismo en Estados Unidos, regresan a México y fundan iglesias. Es el caso de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, que es la más antigua de todas las pentecostales, que sigue muy ligada a los sectores populares y se han tratado de adaptar a las nuevas condiciones sociales, sobre todo en torno al crecimiento poblacional que se da más en las ciudades que en el campo.

Ahora, en términos doctrinales el pentecostalismo más convencional hablaba de que Cristo sana, Cristo salva y Cristo viene otra vez. O sea, tenía una doctrina muy centralizada y muy acotada, en tres o cuatro puntos que definen lo que es su doctrina y de ahí para adelante. En eso el pentecostalismo fue muy uniforme, bastante uniforme. Después hubo lo que Jean-Pierre Bastián llamó una gran atomización: vino una pluralidad enorme de iglesias a partir del pentecostalismo. Años después, por ahí de los años 80, el pentecostalismo evoluciona sociológicamente, se convierte en neopentecostalismo y entra en otros sectores. A la par surge el carismatismo en el ambiente católico, que tiene tintes parecidos.

Vino una pluralidad enorme de iglesias a partir del pentecostalismo. Años después, por ahí de los años 80, el pentecostalismo evoluciona sociológicamente, se convierte en neopentecostalismo y entra en otros sectores.

En el neopentecostalismo pasó otra cosa muy importante para pensar hoy la relación entre religión y política en cuanto a estos sectores se refiere. El pentecostalismo compartió con el protestantismo histórico y el evangelicalismo el apoliticismo. Los pentecostales antiguos se sentían –y de hecho lo eran– perseguidos, al igual que los protestantes latinoamericanos del siglo XIX y principios del XX. La sociedad mexicana y latinoamericana persiguió y excluyó a los protestantes porque la religión mayoritaria siempre fue la católica. Si eras pentecostal y no formabas parte de las iglesias tradicionales, no importaba, te perseguían igual. Pero ese sentimiento de persecución fue progresivamente sustituido cuando en los años 80 y 90 el pentecostalismo evoluciona al neopentecostalismo y da un giro político. En México se da con el cambio a la Constitución en 1992, que no solamente reconoce a las asociaciones religiosas como tales sino que les reconoce derechos y obligaciones similares a las asociaciones civiles. Arturo Farela Gutiérrez y otros líderes neopentecostales que se han involucrado fuertemente en política vienen desde entonces. Farela ha recorrido toda la ruta. Desde antes de los cambios constitucionales, cuando peleó y disputó la representación que tiene ahora, en parte por negocio y en parte por representación real. A Farela le toca el giro político y ahí es cuando dicen: vamos a formar un partido evangélico o varios partidos evangélicos. Pero no lo lograron.

¿Por qué no logran formar un partido? Porque su ingenuidad, su falta de oficio, su desconocimiento de lo que es la política real les impidió hacerlo. Tienen que venir otros procesos, ya en el siglo XXI, con Hugo Eric Flores y el Partido Encuentro Social (PES) que sí se logra cristalizar y logra incidir en política. El propio Hugo Eric Flores es también resultado de este giro político en el neopentecostalismo.

Hugo Eric Flores y otros líderes fueron incubando la posibilidad, ahora sí real, de que se formaran partidos políticos evangélicos. Pero en la primera oleada en los 90 no se pudo, no fue posible, porque no tuvieron la visión ni la preparación. Incluso a Farela le faltó mucho para ser un ideólogo y se enfrentó con muchas paradojas. Una de ellas fue que cuando los neopentecostales, que ya tenían un impacto en la política, dicen: “ahora vamos a acceder al poder”, no tienen cómo hacerlo, no tienen los elementos para lograrlo.

Hugo Eric Flores y otros líderes fueron incubando la posibilidad, ahora sí real, de que se formaran partidos políticos evangélicos. Pero en la primera oleada en los 90 no se pudo, no fue posible, porque no tuvieron la visión ni la preparación.

Los dirigentes que vienen después van a tener más elementos. Hugo Eric Flores estudió en Estados Unidos, por ejemplo. Estudió derecho y después estudió gobierno en Harvard y cuenta con más elementos para avanzar en esa toma del poder. Pero ahí se encuentra con otra paradoja: a diferencia de los neopentecostalismos con militancia, pero sin formación política, estos sectores, que sí tienen formación política, que saben cómo funciona el sistema político mexicano, que sí logran formar una agrupación política y después un partido político, no cuentan con una base eclesiástica sólida y se topan con pared. Arrancan el partido en Baja California con cierto éxito, pero cuando van al sureste, a Tabasco en particular, que tiene enormes bases de militancia evangélica, pentecostal y neopentecostal, no logran convocar ni tener fuerza entre las iglesias.

Pese a estas paradojas e impedimentos consiguen el registro dos veces. Ahora van por una tercera. Y en este proceso el neopentecostalismo mexicano ha ido enseñando a sus bases, aunque todavía no se arraiga suficientemente la idea, que pueden tomar el poder y que hay que entrar en política. “No sabemos si tenemos todos los elementos, pero vamos a entrar”, dicen. Y es una decisión muy consciente que han tomado, aunque todavía les hagan falta más militantes y más ideólogos. 

TC. Justo esto nos lleva al segundo tema, y es que desde, nuestra perspectiva, existen tres doctrinas que pueden explicar el comportamiento de la mayoría de los sectores evangélicos, pentecostales y neopentecostales, para seguir en la distinción que ya hiciste, en su relacionamiento con la política, el Estado y la sociedad. La primera es el milenarismo, que marca sobre todo su concepción del fin de los tiempos y del futuro; la segunda es el dispensacionalismo, que es de origen británico, que orienta su postura con Israel como pueblo y como Estado y que es esta esta creencia de que las promesas de Dios se van dispensando a lo largo de la historia y que todavía falta una última promesa sobre Israel; y la tercera es el dominionismoque es la que ha tenido mayor impacto en estos movimientos neopentecostales que han incursionado en política, sobre todo en América Latinaque determina su relación con la esfera pública, y es esta idea de que ellos tienen no solamente que formar parte de la política sino dominar, ejercer un señorío que viene de parte de Dios (la palabra en latín para Señor es Domine) ¿Podrías explicarnos en qué consisten estas doctrinas y si hay otras que podrían definir el actuar de estos sectores que están hoy tan activos?

LCO. Yo aprovecharía esta pregunta para relacionarla con los 500 años de los movimientos anabautistas, porque ahora hay muchos eventos de conmemoración de los 500 años de esos movimientos y se está recordando la Guerra de los Campesinos en Alemania y a Thomas Müntzer, el “teólogo de la revolución”, como le llamó Ernst Bloch.

José Luis Villacañas, historiador y filósofo español que acaba de publicar el tercer tomo de su obra Imperio, Reforma y Modernidad. La revolución práctica de Calvino, le dedica en el primer tomo (Imperio, Reforma y Modernidad. La revolución intelectual de Lutero) un capítulo muy bueno al anabautismo, en términos de su relación con la política, el Estado y la sociedad, y aquí entra en escena el milenarismo. A diferencia de las iglesias protestantes históricas y aún del pentecostalismo que vino después, que hacían la diferencia entre el proceso de justificación y santificación del creyente como algo que se desarrollaba en dos momentos, los anabautistas creían que eran procesos que debían darse al mismo tiempo, lo más rápido posible porque ya el fin de los tiempos está cerca y no hay oportunidad de que nos santifiquemos como Dios lo mandataba antes. O sea, Dios ya no nos quiere santificar al creyente en un proceso largo, porque el tiempo se acaba, es corto, viene el fin del mundo y ya no hay nada que hacer. Es más, hasta la política tiene que cambiar, el igualitarismo y el anarquismo anabautista, el rechazo de las clases nobles, el rechazo de los liderazgos teológicos y de los sacerdotes, en fin, toda la gran revolución anabautista entra en el esquema del milenarismo.

El igualitarismo y el anarquismo anabautista, el rechazo de las clases nobles, el rechazo de los liderazgos teológicos y de los sacerdotes, en fin, toda la gran revolución anabautista entra en el esquema del milenarismo.

TC. Son aceleracionistas, intentan acelerar el tiempo

LCO. Claro, ya se viene el fin del mundo, ya no hay mucho que hacer, entonces todo tiene que acelerarse y nosotros somos los elegidos de Dios y como ya queda poco tiempo tenemos que gobernar ya, nos toca acceder al poder y derribar a los poderosos ya. La relectura que hacen del Magnificat de María (“Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes”) es notable en ese sentido.

Los anabautistas dicen: nosotros como humildes tenemos que acceder al poder, tenemos que rechazar cualquier forma de relación con los Estados arbitrarios, perseguidores, no cristianos. En eso fueron sumamente radicales, a partir de su concepción del tiempo, del fin del mundo y del futuro. Y es una doctrina de la que se alimentan mucho los grupos neopentecostales, aunque muchas veces no lo sepan.

Después viene el dispensacionalismo, que como bien lo mencionaron retoma la figura de Israel como el pueblo elegido de Dios y se sube al tren del sionismo para armar una narrativa judeocristiana que permita juntar la fe evangélica con el esquema bíblico de los pactos, de las dispensaciones, e ir interpretando cómo se van cumpliendo esos pactos, esas promesas a lo largo de la historia en el pueblo y posteriormente en el Estado de Israel. Esta doctrina se impuso en casi todas las iglesias evangélicas y pentecostales gracias a la Biblia comentada por C. I. Scofield, que todavía se sigue utilizando.

Esta doctrina se impuso en casi todas las iglesias evangélicas y pentecostales gracias a la Biblia comentada por C. I. Scofield, que todavía se sigue utilizando.

Hay que decir que el dispensacionalismo ha tenido muchas fallas históricas y teológicas. En su planteamiento del fin de los tiempos éste depende mucho de lo que pase con Israel. Para los dispensacionalistas se tiene que cumplir la promesa de que Israel vuelva a la tierra prometida y una serie de acontecimientos en el orden mundial para que acontezca la segunda venida de Cristo. Una de las grandes fallas que tuvieron fue por ahí en los años 90, cuando discutían sobre el Mercado Único Europeo. Y hacían una lectura muy sesgada, en términos apocalípticos –leyendo porciones determinadas del libro de Daniel, algunas de las cartas de Pablo y el Apocalipsis– de que en el momento en que el Mercado Único Europeo tuviera su décimo integrante, en ese momento se destrabarían una serie de hechos de carácter escatológico: los juicios a la humanidad, el arrebato de los creyentes y la segunda venida de Cristo, lo que nunca pasó. Hoy el Mercado Único Europeo que derivaría en la Unión Europea, tiene mucho más de diez miembros y no se desató el fin de los tiempos. Les pasó lo que a los Testigos de Jehová, que anunciaron que en 1914 sería la segunda venida del Señor y lo que vino fue la Primera Guerra Mundial. A pesar de estas fallas el dispensacionalismo tuvo y tiene una influencia muy grande y representantes muy importantes como Hal Lindsey, que escribió La agonía del gran planeta Tierra, un libro sobre las profecías bíblicas que vendió más de 28 millones de ejemplares y fue adaptado al cine.

A partir de los hechos en Gaza el dispensacionalismo ha recuperado fuerza dentro de las iglesias evangélicas, pentecostales y neopentecostales, donde la creencia dispensacionalista sobre Israel como pueblo elegido de Dios es indiscutible, nadie lo pone en duda. En las iglesias históricas sí es un tema que se debate y se discute fuertemente.

Ahora que Rafael Aguirre, el biblista español, sacó su libro sobre La utilización política de la Biblia, le dedica toda una sección al dispensacionalismo, su lectura y relectura en Estados Unidos, especialmente durante el primer mandato de Donald Trump. Ya no alcanzó a revisar el segundo mandato porque todavía está muy reciente, pero analiza el primero y las reinterpretaciones que se dieron sobre Israel y que entran en el esquema dispensacionalista. A pesar de esto tengo la impresión de que los políticos israelíes –el propio Benjamín Netanyahu, y sobre todo los que vienen del judaísmo más tradicional, el ultraortodoxo– no tienen clara conciencia de lo que representa el esquema dispensacionalista en cuanto al beneficio ideológico que les permitiría para su causa. Aunque el gobierno de Israel cuenta con una oficina que se encarga de atender la relación con los cristianos y organiza las caravanas turísticas religiosas que van a su país, creo que el Estado de Israel todavía no alcanza a darse cuenta de las dimensiones de lo que ha representado esta creencia en particular, porque este esquema justifica todo lo que está pasando en Israel, todo lo justifica en el marco de su “conciencia escatológica”.

La creencia dispensacionalista sobre Israel como pueblo elegido de Dios es indiscutible, nadie lo pone en duda.

TC. Sobre esto mucha gente se pregunta por qué, a pesar de todo lo que está sucediendo en Gaza (el desplazamiento, la guerra, el genocidio), las comunidades cristianas que se supone que predicarían el amor al prójimo, la misericordia, están tan comprometidas con Israel. Se preguntan por qué pueden hacer oídos sordos y ojos ciegos ante una realidad tan tremenda. Y cuando uno entiende el dispensacionalismo se da cuenta de que su marco de interpretación de la realidad no es ético-humano, sino escatológico, y ven lo que pasa en Gaza y las acciones militares de Israel contra sus vecinos como un mal necesario para el cumplimiento de determinadas profecías y promesas bíblicas.

LCO. En efecto, el gran público no logra captar ese movimiento que hacen los evangélicos y neopentecostales de lo ético a lo profético, pero no profético en el sentido de liberación y de predicación del Evangelio, no; profético en el sentido de su orientación escatológica hacia el futuro, porque piensan que son los beneficiarios de que llegue el fin de los tiempos, pase lo que pase. El gran público está alejado de esto a pesar de que este tipo de iglesias han sido dispensacionalistas desde hace muchos años y han abusado del esquema.

Los últimos y terribles acontecimientos en Israel y la Franja de Gaza han hecho que haya una nueva oleada del dispensacionalismo. Apenas hace unos días cuando Netanyahu da su discurso en la Asamblea General de la ONU y alguna gente se retira cuando está hablando, increíblemente salieron personas en las redes sociales a decir: “esto estaba previsto en tal o cual pasaje de la Biblia, estaba profetizado que Israel se iba a quedar solo”. Es decir, una cosa tan simple –sin que deje de ser relevante, claro está– como el que algunas delegaciones se salgan de un recinto mientras Netanyahu está hablando porque no están de acuerdo con las acciones del gobierno israelí, estos sectores, que creen en el dispensacionalismo, le dan una “interpretación” bíblica totalmente sesgada a favor de Israel. El razonamiento es: no importa que Netanyahu se haya quedado solo en la Asamblea General de la ONU, eso estaba previsto en las Sagradas Escrituras y por lo tanto él está siendo objeto del favor de Dios. Entonces es sintomática la ausencia de sectores evangélicos que muy bien podrían estar protestando por lo que está pasando allá y no lo hacen, porque tienen esa gran limitante de anteponer lo supuestamente profético a lo ético. Y justo aquí es donde entraría el tercer elemento que es el dominionismo, que es una “novedad”.

Lo que ha pasado en Brasil recientemente con Bolsonaro es un gran ejemplo de lo que es el dominionismo. En el neopentecostalismo en América Latina se ha planteado con fuerza esta creencia, que es la idea de que el pueblo de Dios tiene derecho, por ser hijos e hijas del Rey de reyes, como se le llama a Dios en la Biblia, de acceder al poder: es un derecho divino. En su cosmovisión Dios les ha dado la potestad, la posibilidad de entrar en terrenos de la vida pública de los cuales antes no participaban, entre ellos la política. Hoy los neopentecostales que son dominionistas se están planteando acceder al poder e influir, como iglesias y comunidades organizadas, en las políticas públicas y en las legislaciones de los Estados con una agenda común, más allá de sus diferencias ideológicas.

En su cosmovisión Dios les ha dado la potestad, la posibilidad de entrar en terrenos de la vida pública de los cuales antes no participaban, entre ellos la política.

Por ejemplo, la bancada brasileña que aglutina a sectores evangélicos y neopentecostales, conocida como la bancada BBB (Biblia, Bala y Buey) pertenece a diferentes iglesias, los diputados son de diferentes congregaciones y hasta de partidos políticos distintos, pero en el Congreso se unifican. La postura religiosa predomina por encima de la ideología política.

En el caso de México es distinto, lo hemos visto con el PES y sus dirigentes, que no han logrado articular una bancada propia debido a que perdieron el registro como partido, pero ahora en las elecciones de 2024 se integraron a Morena, el partido oficialista. Aquí la idea del dominionismo opera en el sentido de que, aunque no se acceda a espacios de poder relevantes o no se cuente con una bancada propia, sí es posible influir en las políticas públicas a través del cabildeo y la presión sobre quienes toman las decisiones. Y esta es una postura que no sólo han tomado los sectores ligados al PES sino casi todo el neopentecostalismo.

Cuando en su sexenio Enrique Peña Nieto envió una iniciativa de reforma constitucional al Congreso para reconocer el matrimonio igualitario en todo el país, se estrelló con la resistencia de estos movimientos, así como con la oposición de la ultraderecha católica y también de la ultraderecha evangélica, que hicieron un solo bloque para movilizarse y protestar abiertamente en contra de la reforma. Esta estrategia de incidencia también ha tenido su expresión en personajes como Aarón Lara, que es un abogado evangélico, presidente del Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia, que es un lobby continental pro vida que se ha metido incluso en la OEA y en la ONU. En algún momento tuvo mucha incidencia pero se ha venido reduciendo, seguramente porque la propia OEA se dio cuenta de lo que estaba pasando con esos lobbies, que tenían y tienen la intención de extender su influencia a toda la región. La vez en que se nombró a Guatemala como la “Capital Provida de Iberoamérica”, ahí estaba este movimiento. Entonces el dominionismo tiene distintas expresiones que sin embargo comparten el objetivo de querer influir directamente en las políticas públicas, especialmente en los temas de debate centrales para ellos: educación básica, salud sexual, aborto, derechos LGBT+. Son en su mayoría movimientos anti-derechos, al igual que su equivalente católico, y eso los ha unificado. Y esto también forma parte de un cambio en los últimos años que comentaremos más adelante.

El dominionismo tiene distintas expresiones que sin embargo comparten el objetivo de querer influir directamente en las políticas públicas, especialmente en los temas de debate centrales para ellos: educación básica, salud sexual, aborto, derechos LGBT+.

Otro aspecto a destacar de estos sectores es su vínculo muy orgánico con algunas organizaciones estadounidenses. Las últimas ocasiones en que ha venido a México Franklin Graham –el hijo del predicador estadounidense Billy Graham– o la última vez que estuvo aquí el famoso predicador africano T.B. Joshua y que llenó el estadio Azteca (con capacidad para 85 mil personas), las iglesias históricas ya no participaron de la organización de los eventos. Todo, desde la organización hasta las actividades preparatorias y la publicidad, recayó en las iglesias neopentecostales.

¿Por qué sucedió esto? Porque el neopentecostalismo representa entre el 70 y el 80 por ciento de toda la presencia cristiana no católica en México, o sea, se ha comido el campo religioso, por decirlo de alguna manera. Así como el pentecostalismo tuvo una gran influencia en México, Argentina, Chile y otros países en los años 60 y 70 e incluso un poco antes –lo que llevó a Christian Lalive d’Epinay a hablar, en El refugio de las masas, de un boom que desembocó en el ingreso de algunas de estas congregaciones al Consejo Mundial de Iglesias–, ahora el neopentecostalismo es el rostro más visible al cual buscan las organizaciones estadounidenses. Dicen: “Nosotros nos vamos con ellos y todo lo vamos a hacer con ellos. Las iglesias históricas, que nos pueden objetar algunas cosas y demás, y que son como son, con ellas ya no”. Entonces toda la representación de esos grandes predicadores y el vínculo con esas organizaciones en Estados Unidos se queda ahí, con todo lo que eso implica. Porque, así como hemos hablado de algunas doctrinas básicas que explican el actuar del neopentecostalismo, habría que añadir el pragmatismo en la ecuación.

Por ejemplo, en México no se celebraba el famoso Desayuno Nacional de Oración que desde hace muchos años se organiza en Estados Unidos y que tiene como propósito articular a empresarios, políticos y líderes religiosos para orar por los presidentes o los candidatos a presidentes. Ahora se comenzó a hacer y se comenzó a hacer en España. Y es un evento que se patrocina en su totalidad desde el exterior. En una de sus ediciones estuvo invitada Xóchitl Gálvez, que fue la candidata de la oposición en México. Entonces hay una intencionalidad política en esos actos, porque se sabía que el presidente Andrés Manuel López Obrador venía de un trasfondo evangélico, entonces ellos dicen: pues ahora nosotros nos vamos con la candidata de oposición y mostramos que está de nuestro lado.

El neopentecostalismo representa entre el 70 y el 80 por ciento de toda la presencia cristiana no católica en México, o sea, se ha comido el campo religioso.

TC. Y además de estas tres doctrinas que ya tratamos (el milenarismo, el dispensacionalismo y el dominionismo) y de este carácter pragmático del neopentecostalismo que añadiste, ¿cuál otra característica dirías que forma parte del seno de la acción política de estos grupos?

LCO. Podría decir que un aspecto central de casi todos estos grupos, con sus contadas excepciones, es su derechización. En años anteriores, digamos hace unas tres o cuatro décadas, era impensable que un evangélico votara por el Partido Acción Nacional (PAN), por ejemplo. Era impensable, por cuestiones históricas. Sobre todo la gente mayor sabía que el PAN estaba muy ligado al catolicismo perseguidor de las ideas evangélicas. Un protestante tradicional, un evangélico o un pentecostal de los primeros años por definición no podía votar por un partido así. Y del otro lado, de Acción Nacional, contaban con una identidad muy definida en términos doctrinales e ideológicos que nada tiene que ver con el pragmatismo terrible que ahora vemos. Los panistas de larga trayectoria, los más viejos señalaban con claridad estas diferencias en comparación con las generaciones que vinieron. Personajes como Efraín González Luna o Bernardo Bátiz tenían bien claro lo que era Acción Nacional en términos ideológicos mucho antes de llegar al poder. Entonces era casi imposible que los protestantes, los evangélicos, votaran por ese partido. Ahora las juventudes evangélicas no tienen ningún problema en votar por Acción Nacional. Las generaciones actuales no tienen ningún problema. Ninguno. Y yo estoy muy sorprendido, porque incluso he visto gente conocida, evangélicos participando en actividades territoriales de este partido sin ningún problema ideológico o religioso. Entonces yo creo que ese es el otro aspecto al que hay que prestar atención.

Recuerdo un número que sacó Letras Libres hace un tiempo sobre el avance de la derecha. Ahí venía un artículo de Sandra Barba (“La derecha nos rebasa por la izquierda”), en el que escribió sobre la parte religiosa y decía que nunca nos imaginamos cómo la derecha mexicana iba a tener tanto alcance en espacios religiosos que no le pertenecían, o donde Acción Nacional nunca quiso entrar porque sabía que iba a ser rechazado, como el espacio evangélico. Ahora, sin necesariamente tener que hacer una campaña o un trabajo político partidista, esos sectores se han abierto a esa derechización que era impensable en otra época por muchas razones: por la fortaleza del PRI, porque muchos protestantes y evangélicos participaron de la Revolución mexicana, por la persecución que sufrieron a manos de la derecha católica representada en el PAN, etcétera. Pareciera que es un proceso de derechización imparable, que no se detiene…

Pareciera que es un proceso de derechización imparable, que no se detiene…

Leopoldo Cervantes-Ortiz es uno de los teólogos y pensadores protestantes más importantes de México y de América Latina. Durante más de 30 años ha dedicado su trabajo al estudio del protestantismo tanto en su dimensión religiosa como en sus vertientes sociales, éticas, políticas y culturales.

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